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El sexo adelgaza

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El otro día en el aeropuerto no pude evitar leer un artículo en la revista (creo que era la In Touch, o algo así) de la chica que se sentaba a mi lado esperando el embarque.

Que el sexo adelgaza no es una novedad. Lo que me llamó la atención fue la cantidad de calorías que según un psicólogo norteamericano se consumen:

- Desvestir a la pareja quema 120 KCal (un poquito exagerado, no?).
- Un orgasmo real consume 60 KCal.
- Un orgasmo fingido 160 (Uhmmm... interesante dato...).

Siempre había sabido que hacer el amor equivale en consumo calórico a andar o a bajar escaleras, pero si hacemos caso a este médico, en una relación de unos 30 minutos, se podrían perder:

- 120 KCal en desvestir y, puestos a quemar, 120 más si te desvistes tú mismo.
- Según una web que he consultado, durante el acto se quemarían:

* 38 KCal si se practica tranquilamente
* 48 KCal animadamente, y
* 56 KCal si se hace muy animadamente (esto mola más)

- Y finalmente 60 KCal si tienes suerte o 160 KCal si tienes aún más suerte (viéndolo desde este punto de vista, claro...........................) ¡¡o muchas veces 60 KCal si es la leche!!

En total, siempre supuestamente porque a mí me parece muy exagerado, más de 300 KCal. ¡¡Son un montón de calorías!!

¿Quién quiere hacer dieta si puede practicar sexo siendo además tan beneficioso para el cuerpo?






Ah, por cierto, el otro día me apunté al gimnasio. Me temo que con esto lo digo todo... :(

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Top 10 de cosas que yo le ofrezco a un hombre.

He escrito mi lista de las 10 cosas que le ofrezco a un hombre. Al principio pensé: "¡Vaya! Pido más de lo que ofrezco..." pero luego caí en la cuenta que las 20 que yo pido ya las llevo de serie, así que estas 10 son en todo caso o complementarias o enfáticas de algunos puntos en concreto que considero importantes (véase que el punto 10 viene a ser el 20 de la otra lista, pero más enfatizado...)

Y en este monento, antes de leer este top 10, debo decir que he de reconocer que yo no siempre fui así y que si algún ex mío leyera esta entrada tal vez alucinaría y diría que miento. Lo reconozco, no siempre cumplí estas cosas en el pasado. A veces por ignorancia, otras por inseguridad y alguna porque me faltaba un bofetón (metafórico) bien dado.

Pero la cuestión es que la vida, los errores, los éxitos, el trabajo introspectivo, me han enseñado mucho y ahora, le pese a quien le pese, sí soy así.

Pero como hablar de esto requeriría una entrada entera, no me enrollo más y aquí os dejo mi top 10 de cosas que yo le ofrezco a un hombre.


1.- Libertad e independencia.
Tú no eres mío igual que yo no soy tuya. No solamente no me importa que te vayas por ahí con tus amigos a jugar al póker los jueves, a fútbol los viernes y a frontón los domingos, es que lo prefiero. Eso sí, si no te importa, de vez en cuando iré a verte jugar porque me gusta hacerlo.

2.- Tu familia me encanta.
Odio a esas mujeres que parece que en cuanto pillan a un hombre, se empeñan en alejarles de su familia, como si fuesen rivales. Yo me llevaré genial con tu madre y, si no es así, no será porque yo no haya puesto todo de mi parte. Y, si a pesar de ello no nos lleváramos bien, sabré ser perfectamente correcta y diplomática cada vez que quieras ir a comer a casa de tus padres.

3.- Tus amigos me encantan.
Cuando estemos con ellos, me mezclaré entre la gente, no seré tu sombra dejando bien claro que yo estoy ahí únicamente por ti, ni te tendré todo el tiempo preocupado por si me lo estoy pasando bien. Nunca te diré que tus amigos me caen mal, ni que me quiero ir. Y si alguna vez yo estoy agotada y me quiero ir a casa, con sinceridad te diré que te quedes tú.

4.- No voy a controlarte ni a intentar hacer que cambies.
Si conoces mi top 20 (y en especial las cosas esenciales), ya sabes lo que necesito. Si no quieres/puedes dármelo no te forzaré a ello. Si al final lo que yo necesito choca de frente con lo que tú quieres o puedes dar, simplemente no seremos compatibles, pero no me empeñaré durante meses en hacerte cambiar a base de broncas y de dramas, creo que los dos somos ya mayorcitos.

5.- Compartir aficiones.
Intentaré aprender a practicar cualquier deporte que te apeteciera practicar conmigo (bueno, odio correr...). Del mismo modo, en mi piso tengo PSP, DS, PS2 (la 3 caerá pronto) y Wii. ¡Me gustan los videojuegos! También la ciencia ficción, ver deportes (como ya dije), las pelis de acción, los comics, etc. Soy una chica un tanto atípica en ese sentido... no en vano saqué un 30% en el Frikitest (uhmmm... no sé si debería alardear de esto...).

6.- Soy una excelente cocinera.
Dicen que a un hombre se le conquista por el estómago. No sé si es muy cierto, pero por si acaso, sí, me encanta cocinar y lo hago francamente bien.

7.- Femineidad.
A priori podría parecer que no soy una chica muy femenina porque me gustan algunas cosas propias de chicos (como los deportes, los videojuegos, etc.) pero créeme, soy muy muy femenina. Me encantan los bolsos, los zapatos, estar guapa, perfumada, la sensualidad de mi cuerpo, provocarte, seducirte...

8.- Prometo no agobiarte a preguntas ni jugar a "haz lo que quieras" ni darte ultimatums.
Si te veo mal, te preguntaré una vez qué te pasa. Si respondes "nada", a lo sumo te volveré a preguntar una vez más pasado cierto tiempo si estás seguro de no querer contármelo. Si la respuesta sigue siendo negativa, no insistiré. He aprendido que los hombres necesitáis vuestro espacio para resolver vuestros problemas, al contrario de nosotras que solemos necesitar hablar de ello. Lo comprendo y lo respeto y no voy a montarte un numerito diciéndote cosas como "es que no confías en mí", "nunca me cuentas nada", "tú no me quieres", etc. Estaré aquí cuando se te haya pasado, tanto si quieres hablar de ello como no.
Por otro lado, no me gusta ese juego que practican muchas mujeres de decir: "haz lo que quieras" cuando en verdad están pensando: "haz lo que yo quiero que hagas o estás muerto". Me gusta la sencillez y la sinceridad. Si algo no me gusta o no quiero hacerlo o necesito que hagas algo, no intentaré que lo adivines, te lo diré abiertamente y lo hablaremos llanamente sin montar escenitas dramáticas.
Y odio los ultimatums y tensar la cuerda hasta que se rompe.

9.- Soy muy cariñosa.
Eso no signfica "empalagosa", no voy a estar todo el día babeándote. Pero créeme que conmigo te vas a sentir querido y aceptado.

10.- SEXO.
Sexo.


Y ahora viene cuando los chicos me escribís para decirme que os parece estupendo, pero que no buscáis nada de eso en una mujer y entonces por fin comprendo porqué, con lo apañaíta que me creo, no me como un rosco y sigo siendo single!!

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Top 20 de cosas que yo le pido a un hombre

Hace unos días, mi amiga Eva vio un post con un top 10 de cosas que la autora pedía a un hombre. Me sugirió que hiciera yo lo mismo y le prometí que en mi siguiente entrada lo haría.

No es que las 20 sean insalvables (algunas sí, absolutamente), pero sí son cosas que yo realmente aprecio en mi pareja.

No encontraréis ninguna característica que hable del físico porque aparte de que nunca me he sentido especialmente atraída por los "guapos convencionales", el físico es algo a lo que yo no doy mucho valor. De hecho siempre me pasa que cualquier chico (que a simple vista podría parecer normal o incluso poco atractivo) me parece súper atractivo si reúne muchas de las siguientes características. Además, no tengo por costumbre llamar "guapo" a un chico si no es guapo por dentro, independientemente de su apariencia. Cuando yo digo "qué guapo eres" me refiero primero por dentro y, luego, por fuera. Porque, como decía antes, nunca me ha parecido feo un hombre bonito por dentro.

Ahora bien, si he de mencionar algún prototipo, me gustan los chicos relativamente altos y morenos de pelo y piel. Pero he salido con chicos normales de estatura, altísimos, bajos, rubios, morenos, castaños, de piel oscura, piel clara y con pecas... En definitiva, que no es determinante.

Sin más dilación, ¡he aquí el top 20 de cosas que yo le pido a un hombre!

1.- Que me quiera.


Está claro que en los inicios de una relación no se puede saber, pero yo de dudas sobre sus sentimientos he tenido ya para varias reencarnaciones. Así que éste es el requisito esencial: quiéreme.

2.- Que esté comprometido con la relación.

Esto no significa que tenga que ponerme un anillo en el dedo (¡no!), significa que no salga corriendo al menor de los problemas, que trabaje conmigo por y para la relación.

3.- Que sea fiel.

No sólo me refiero a no acostarse o liarse con otra, no quiero a mi lado a alguien que necesita tontear con chicas para subir su autoestima o para quedar bien delante de sus amigos. Aunque luego no vayas a hacer nada, a mí me duele.

4.- Que sea sincero y honesto.

Odio las mentiras. No me mientas y, lo peor, no insistas en que no mientes cuando sé a todas luces que lo haces. Por suerte o por desgracia, soy bastante perspicaz. La mayoría de las veces sabré que me mientes, así que sólo conseguirás ofenderme aún más cuando insistas en que haga como que te creo. Y cuando por fin se descubra la verdad, me costará horrores volver a confiar en ti. La verdad es siempre mejor. Si me dices la verdad habrá muchas más posibilidades de que te entienda y/o, en caso necesario, de que te perdone.

5.- Que sea maduro.

Madre sólo hay una y estoy 100% segura de que yo no soy la tuya.

6.- Que sea tolerante.

Que comprenda que cada persona es única y, por consiguiente, entiende el mundo de una manera también única y personal. Por lo tanto, cada persona individualmente puede aportar más o menos valor a las cosas. Por ejemplo, lo que para mí es importante, puede no serlo tanto para él y viceversa, pero ambos debemos entender que aunque no lo compartamos, para la otra persona es importante.

7.- Que me estimule intelectualmente.

Esto no significa que tenga tres carreras. Significa que tenga inquietudes, que me descubra cosas nuevas para mí o que se pueda hablar con él de un millón de cosas. Un hombre interesante intelectualmente me atrae un millón de veces más que uno que sólo es atractivo. Es más, aún no he conocido a ningún chico que, resultándome estimulante intelectualmente, no me haya parecido tremendamente atractivo.

8.- Que tenga su propia parcela de intimidad y respete la mía.

Que le guste hacer cosas por sí mismo: ir al gimnasio, ir en bici, jugar al póker los jueves por la noche… La frase: “Todo mi tiempo libre es para estar contigo” produce en mí una reacción inmunitaria de rechazo hacia ese nuevo apéndice de mi cuerpo en que se ha convertido mi pareja. No, por favor. Del mismo modo,quiero seguir quedando de vez en cuando sólo con mis amigas para poner a parir a los tíos o para ir de compras o para ir al cine a ver una ñoñez o ir a mis clases de baile y de canto. No puede sentarte mal que hoy sólo nos hayamos visto una hora. Si lo nuestro tiene futuro, nos veremos cada día del resto de nuestras vidas.

9.- Que sea activo.

Me encanta el sofá y la mantita, pero no todos los días. Quiero salir a tomar algo, a dar un paseo, a pasar el día por ahí. No me gustan los champiñones.

10.- Que tenga cierta ambición/que sea un tanto inconformista.

Que le gusten los retos, aprender cosas nuevas, promocionar, que no le asuste el cambio. Que no se conforme con un “así ya estoy bien, ¿pa’ qué?”.

11.- Que sea abierto y cariñoso.

Si te pasa algo y no me lo quieres contar porque estás enfurruñado y prefieres comértelo tú solo, perfecto, pero no me mantengas siempre al margen de tus pensamientos y sentimientos. Ten confianza en mí como para poderme contar qué te preocupa, sobre todo si tiene que ver conmigo o con nuestra relación.
Por otra parte, me gustan los chicos que no tienen reparo en ser cariñosos, que te llevan de la mano, que te besan en público… No quiero ni busco que estés colgado de mi cuello todo el rato, pero si estamos de marcha con los amigos aunque cada uno esté a su bola, pásate de vez en cuando y dame un pedazo de beso bien húmedo.

12.- Que sea detallista.

Me gustan las sorpresas y los detalles: una nota inesperada, un mensaje a deshoras, que me regales por sorpresa el libro que te comenté por encima que me apetecía leer, que me llames cuando no me lo espero…

13.- Que le guste la música.

Importantísimo. A ser posible (no es condición sine qua non), la misma que a mí para evitar discusiones en los trayectos en coche… Pero si no es así, que no insista en que su música indie new wave es mejor que cualquier cosa que haya en mi ipod (ver punto 6) e insista en regalarme cds o en obligarme a escucharla.

14.- Que sea una persona pacífica y con buen carácter.

Que sepa expresar su punto de vista sin atacar ni ponerse a la defensiva y sin levantar la voz, sino simplemente explicando qué opina él sobre el tema. Polvorillas, sarcásticos, impacientes, con mal genio, de mecha corta, amantes de crear polémica, del continuo debate y de hacer siempre de abogado del diablo no, gracias. A veces me gustan las conversaciones sencillas, no quiero tener que estar argumentando y contraargumentando acerca de cualquier cosa. Los debates están bien, pero no todo el tiempo. Me agota. Además, yo no creo que el roce haga el cariño, creo que el roce hace el desgaste. Si siempre estamos discutiendo, aunque sea por cosas intrascendentes, acabaré pensando que no compartimos nada y que somos incompatibles.

15.- Que le gusten los deportes.

Soy una chica a la que le gusta ver el fútbol, el tenis, el baloncesto y, en general, cualquier deporte. Un día al año querré quedarme en casa para ver la final de la Champions o incluso un año querría viajar a París en Junio para ir a Roland Garros. Me encantaría compartir eso con mi pareja.

16.- Que le gusten los animales.

No sólo porque a mí me encantan (al menos los que miden más de 20 centímetros), sino porque mi perra y yo somos un núcleo, si algún día vivimos juntos, ella se viene. Esto no admite discusión y es innegociable.

17.- Que sea aseado y que huela bien.

Que sea aseado en todo en general, pero sobre todo en su higiene bucal, no podría besar a un chico que sospecho que no se lava los dientes cada día. Y los olores me pierden, soy tremendamente olfativa. Me encanta que los chicos usen perfume y creo que podría llegar a enamorarme de uno sólo por su olor.

18.- Que se arregle.

No vayas en chándal todos los días. Si salimos a cenar, arréglate un poco, que parezca que aún te hace ilusión salir conmigo a algún sitio. Ponte guapo, en tu estilo, pero ponte guapo.

19.- Que ponga el 50% en las tareas de la casa.

No, yo no pongo siempre el lavavajillas porque me divierta, lo pongo porque hay que ponerlo. Y tú tienes manos...

20.- Que le encante el sexo.

La palabra "encantar" no está puesta por casualidad. Por raro que parezca, he conocido a chicos a los que el sexo les gustaba, sí, claro, pero no para sumergirse en él, explorar a la otra persona, probar cosas nuevas, sentirlo con intensidad… repetir... No me importa la cantidad de experiencia, pero me importa, y mucho, la actitud. Y recuerda: el cerebro es el órgano sexual más potente...


Una vez releída la lista, suena como un poco agresivo, jajaja! Pero bueno, al fin y al cabo es lo que yo le pido a un hombre, habrá que ser exigente...

Y como no voy a ser menos, mi próxima entrada será: "Top 20 de cosas que yo le ofrezco a un hombre".

Prometido.

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¡Booty call!

Hoy he recibido un "booty call". Para los que no conozcan la jerga, un "booty call" es cuando alguien te contacta (o se planta en tu casa) con la única intención de tener sexo contigo.

En 1973 (si no recuerdo mal) John Lennon tras una discusión con Yoko Ono, "desapareció" durante algo más de un año, período al que él mismo llamaría más adelante "mi fin de semana salvaje".

En 2006 tuve una época loca que calificaría también (siempre con permiso de John) como mi fin de semana salvaje.

Por aquel entonces, con la autoestima por el suelo, no me importaba tener rollos de una noche, es más, los prefería. Conocer a un chico, enrollarme con él, subir (temporal y efímeramente) mi ego y no volver a saber nada. Sin compromisos ni complicaciones.

El sorpresivo booty call ha venido en forma de mensaje de texto de Javi. No "Javi el de la pizza", sino un Javi diseñador industrial con el que "estuve" en ese "fin de semana" y al que conocí por Internet (motivo de que esté en esta sección).

Como veis la letra J me persigue... Tal vez el destino me envíe mensajes y lo que pasó fue que me empeñé en el J que no era... (en fin, esto último ha sido un pensamiento en voz alta... [modo desvarío off])

Este Javi fue el único (tampoco creáis que de muchos) con el que quedé más de una vez, pero para mí era un desasosiego, porque el chico me gustaba un poco (era altísimo, dulce, inteligente...), pero no quería tener una relación con él y, a la vez, él estaba hecho polvo porque su novia de toda la vida le había dejado. Mala combinación. Pasó lo que tenía que pasar, que un día que me pareció que él me miraba con ojitos un poco tiernos, dejamos de llamarnos mutuamente. No creo que ninguno de los dos fuéramos lo que el otro necesitaba en ese momento.

Han pasado 3 años y no habíamos vuelto a hablar y, de repente, recibo un mensaje: "Hola niña! ¿Qué tal todo? ¿Sigues por Castellón?".

Por suerte, dada la proliferación de "Javis" en mi vida, cuando guardé su número, puse al lado el nombre de su pueblo, para referenciarle y, gracias a eso, le he reconocido (no sin antes hacer memoria para asegurarme de que él era "él"). Le he contestado con el típico "¡cuánto tiempo!" y le he dicho que sí, que seguía por Castellón. Entonces me ha escrito que su equipo iba a jugar en Castellón (él es de Valencia) y que, aunque estaba lesionado, le había hecho ilusión pensar en venir con tal de que quizás pudiésemos vernos.

Hemos intercambiado un par de mensajes de cortesía del tipo: "¿lesionado? ¿qué te ha pasado?" y yo notaba un tonito malicioso en sus mensajes. Le he dicho (y era cierto) que esta noche había quedado para ir al cine y salir, pero que si él y sus compañeros iban a salir después del partido, que tal vez podríamos vernos y tomar algo.

Me ha contestado que sus compañeros decían de cenar por Castellón, "así que si después del cine quieres quedar, ya sabes..."

Para estar segura de sus intenciones, y porque ahora parece que ya nada me da corte, le he preguntado abiertamente que para hacer qué quería quedar conmigo.

Su respuesta: "Pino-puente-voltereta atrás! Jajaja! No en serio, si te apetece te como algo más que las orejitas...!"

¿Sexy? Me parece que no... Y creo que me habría sentido muy "barata" si me lo hubiera siquiera planteado. Creo que me merezco que se lo curren un poquito más...

Le he contestado amablemente que me sentía halagada pero que soy más de citas en las que quedas con un chico, te lleva a cenar, te tomas un par de copas y, si te gusta, quedas otro día y así hasta que, si hay química, ya pasa lo que tenga que pasar.

Primero se ha rebelado un poco, diciéndome que él ya cenó conmigo y ya nos vimos más de dos veces, pero tras mi pertinacia, tranquilamente, como quien da los buenos días, me ha contestado que lo entendía y que ya me llamaría para cenar un día y salir a tomar algo.

Se aceptan apuestas, yo apuesto a que no lo hará (y sinceramente tampoco me importa mucho).

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Javi. La noche de San Juan.

Era la noche de San Juan y para no variar, no tenía plan.

Javi me había dicho que él había quedado con algunos de sus amigos y me invitó para que fuera con ellos. Por una parte, a mí me parecía que era un poquito pronto (apenas nos conocíamos él y yo!) y por otra parte, no quería que él estuviera pendiente de si yo estaba bien o mal, si me sentía integrada o si me estaba aburriendo, así que le dije cariñosamente que era un sol por proponérmelo, pero que sería mejor que no.

Él aún así insistió y me dijo que entonces por lo menos cenáramos juntos y luego él iría a la playa con sus amigos. Le pregunté si no habían quedado también para cenar y me dijo que sí, pero que prefería estar conmigo un rato.

A veces era tan tierno...

Al final no habíamos quedado aún en nada cuando sus planes empezaron a desmoronarse, un amigo tuvo que quedarse a trabajar por lo que la novia también se cayó del plan, otro no iba a poder ir y otro, en vista de que casi nadie iba a ir, se rajó.

Me envió un mensaje y me dijo: "Estoy sin plan para esta noche mágica. ¿La pasarías conmigo?" Y así fue como al final quedamos para cenar e ir a la playa a mojarnos los pies a medianoche.
Iba a ser una velada corta, porque su plazo para entregar el proyecto era al día siguiente y todavía no lo tenía terminado y yo por mi parte empezaba a arrastrar sueño pendiente por pasar parte de mis horas de sueño en contacto con Javi.

Esta vez, como él tenía que apurar al máximo su tiempo (y por evitar la pizza que sabía que aún le quedaba...) le propuse hacer yo unos sandwiches vegetales (receta exclusiva) en mi casa para llevarlos a la suya a la hora de cenar.

El tráfico y el aparcamiento estaban horribles porque estaba toda la gente cenando en la playa y haciendo ya sus hogueras para quemar los malos recuerdos del año y empezar de cero. A mí la ocasión no podía parecerme más propicia. ¿Acaso no era una increíble coincidencia que fuera a realizar ese rito de purgación de la mano de una persona maravillosa que no contaba con conocer?

Por fin conseguí llegar a su apartamento y se repitió la escena de la vez anterior con el interfono. La diferencia fue que esta vez me lo cogió a la segunda llamada y me dijo: "El interfono no funciona". "Ah, no? Menuda sorpresa..." le contesté yo.

Bajó a abrirme la puerta (esta vez no hubo vecino piadoso) y se me acercó y me besó directamente en los labios. Un beso profundo, sabroso...

Yo había llegado bastante más tarde de lo que originalmente nos habíamos planteado y él volvía a tener Coronitas en el congelador. Estos dos factores nos hicieron decantarnos por cenar en su apartamento y bajar luego a la playa. Desde el comedor veíamos a la gente movilizándose en la arena, montando las hogueras, los más jóvenes bañándose ya de noche... Lo cierto es que sí que tiene algo de mágico esa noche...

Nos comimos los sandiwches bastante rápido mientras él seguía galopando por los canales de televisión y hablábamos de fútbol y de las noticias del día.

Nos acomodamos un rato en el sofá como hicimos la primera vez: él rodeándome con su brazo y yo apoyada en su hombro. Nos besábamos de vez en cuando, pero era una sensación extraña: no eran besos de primeras veces, buscando que pasara algo más. No. Nos besábamos entre risas por algún comentario ingenioso de uno de los dos, como si en realidad ésa no fuera nuestra cuarta cita, sino como si ya llevásemos tiempo saliendo. Eran besos cariñosos, aunque por supuesto, de vez en cuando nos emocionábamos y nos apasionábamos besándonos.

Así, entre risas, besos y Coronitas, llegó la hora de bajar a la playa. Fuimos cogidos de la mano, incrementando esa sensación como de estar en pareja. Nos acercamos a la orilla y seguimos charlando.

Y entonces pasó.

Era una conversación banal acerca de las fiestas de Castellón y las de Valencia. Él, que lleva 8 años viviendo aquí opina que las de Valencia son mejores. Yo le dije que me sorprendía, porque era la primera persona de Valencia a la que conocía que prefería las Fallas. Y entonces, cambió su humor, se cerró en banda y su tono se volvió duro, déspota. Empezó a despotricar acerca de las fiestas de Castellón y hablaba como hablan los arrogantes que piensan que sólo su versión es la única válida y la única buena. Sin importarles si están hiriendo los sentimientos de los demás.

Me quedé callada, porque yo siempre he sido muy apasionada en mis argumentos y le miré de frente, sopesando las opciones. Opté por permanecer en silencio y evitar así una tercera guerra mundial.

En esto llegó la medianoche, la hora de entrar de espaldas en el mar pidiendo un deseo. Yo, que no soy nada supersticiosa, no estaba segura de qué pedir, así que pedí ser feliz. Me pareció que eso lo englobaría todo.

El ambiente entre nosotros había cambiado radicalmente, se había enfriado y apenas nos hablábamos. Quiso ir a comprar tabaco y entramos en un bar de al lado de la playa. Él, para romper el hielo me miró y me dijo: "¿Qué?" con una medio sonrisa. Yo le miré con franqueza y le pregunté: "¿Siempre eres así cuando discutes?". Me contó entonces que sí, que le pasaba con todo el mundo y que todo el mundo se lo criticaba.

"Si todo el mundo te lo critica, ¿no te has planteado suavizar tu carácter?" "Supongo que debería", me respondió, "pero no soy capaz".

Me pareció una respuesta poco madura. Si uno sabe que lo que hace está mal, lo suyo es aprender y tener voluntad de cambio, no? Pues se ve que no era su caso.

"Anda no te enfades conmigo" me dijo cogiéndome de la cintura y dándome un beso. Le contesté que no estaba enfadada, sino escaldada y que no tenía claro cómo dos personas podían entenderse con una postura tan tajante como la suya. "Pero cambiemos de tema", le dije. Me parecía un poco pronto para las lecciones moralizadoras.

Y entonces volvió el Javi habitual, el de las bromas, el dulce y cariñoso pero, aunque mi lenguaje corporal se relajó, por dentro no podía quitarme el "run-run" de que aquel destellazo que había tenido en nuestra primera cita, era una amenaza real para lo nuestro... como así fue...

Subimos de nuevo a su apartamento y salimos a la terraza. La verdad es que fue increíble porque nos pusimos a hablar y a hablar y a la que nos dimos cuenta, ¡eran las tres de la madrugada!.

Él me había dicho que le tenía que llevar a Castellón porque se había dejado su coche allí, así que nos fuimos. Dejé el coche delante del suyo y de repente, empezó a besarme. Todo lo recatadamente cariñosos que habían sido nuestros besos en su apartamento, se convirtieron en besos llenos de pasión y deseo. Empezamos a acariciarnos por encima de la ropa hasta que él sugirió que el vigilante de seguridad debía estar poniéndose las botas y me propuso que fuéramos a mi piso (a apenas 2 minutos en coche).

Nos empezamos a quitar la ropa ya en el ascensor y la fuimos dejando toda tirada por el pasillo hasta mi habitación. No sé durante cuánto tiempo estuvimos haciendo el amor, sólo sé que llegué a mi casa a las seis de la madrugada de un martes.

Fue nuestra última cita...

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Javi. La pizza.

La primera vez que fui a su casa fue a los pocos días de nuestra "primera vez". Él tenía que apurarse para entregar el proyecto, pero aún así quiso que quedáramos para cenar. Me dijo que tenía muchas ganas de verme. "Yo cocino" dijo, y yo quedé encargada de llevar helado.

Me puse un bonito vestido y me fui a Torreblanca, esforzándome por ser puntual, ya que él me había demostrado que lo era y bastante. No me costó encontrar su apartamento. Aparqué y llamé a su interfono. No respondió. Esperé un poco. No respondió. Volví a pulsar. No respondió. Le llamé al móvil. No lo cogió. Esperé otro poco. Pulsé. No respondió. Le volví a llamar. No lo cogió. Convencida estaba de que me había equivocado de edificio cuando un vecino piadoso me abrió la puerta. Justo en ese momento me llamaba él por teléfono. "Si no querías verme no hacía falta que me hicieras venir hasta aquí!" le dije con sorna al descolgar. Él se rió y comentó algo de que el interfono no había sonado.

Subí hasta su piso manteniendo una extraña conversación con su vecino mientras me preguntaba cómo nos recibiríamos... ¿sería con un beso en la boca o dos besos amistosos?. La puerta estaba abierta cuando llegué y él esperándome en el entrador. Llegué y le sonreí con un falso fastidio que le hizo reír. La respuesta a mi pregunta anterior llegó en ese mismo instante: "Muah, muah": dos besos la mar de recatados y castos, uno en cada una de mis mejillas.

Me enseñó su apartamento. Era grande y espacioso para ser un apartamento de playa, pero lo mejor eran las vistas de la terraza. Unas vistas sensacionales tanto al mar (mi amado Mediterráneo) como a la montaña y, de fondo, las luces de la ciudad. Impresionante.

Había puesto unas Coronitas a enfríar en el congelador y me sirvió una mientras yo observaba su panel de recuerdos. "Todo tú en un trozo de corcho" le dije.

Nos sentamos en el sofá. Yo me sentía muy a gusto, teniendo en cuenta que al parecer aún estábamos en la fase de tanteo (sí, "tanteo" no "tonteo"). Mientras nos tomábamos las cervezas fresquitas y hablábamos, Javi mantenía un febril movimiento de su dedo pulgar sobre el mando a distancia de la televisión, navegando cual velero en plena marejada por todos los canales de noticias.

Comentamos las últimas noticias y de repente dijo: "Voy a poner la cena en el horno".

- ¿Qué has preparado? - le pregunté.
- Mmm... Ein? Estooo... He comprado unas pizzas... ¿Prefieres cuatro quesos o de atún?
- Jajaja!! Cuatro quesos, gourmet............

Mientras nuestra laboriosa y exquisita cena se preparaba sola en la cocina, Javi me sorprendió tremendamente con una sola frase:

- Te gusta "Física o química", verdad???. Hoy es el último capítulo!!.

Me quedé anonadada y le miré con ojos como platos. Ahí estaba él, paradigma de la cultura, de la información, de la retórica, crítico y escéptico como el que más, enganchado a una (pésima a mi gusto) serie para adolescentes.

- Mmm... No la he visto jamás... - alcancé a responder sin disimular mi sorpresa.

En este punto estuvo lista la pizza. La sirvió en dos platos y, junto con unas coca-colas zero y unas papas, nos pusimos a comerlas. Por supuesto, yo no paré de hacer ácidas bromas sobre la delicatessen que me había preparado. Él las encajaba estupendamente y no hacía más que reírse.
Empezó la serie y me dijo pasando su brazo por encima de mis hombros: "Anda, ven aquí". Me recosté sobre su hombro y me dispuse a tragarme todo lo que siempre había opinado sobre la gente que ve ese tipo de cosas.

Reconozco que estuvo divertido, pero ya no la serie en sí, sino ver a Javi criticando a degüello a cada personaje y a cada actor, no dejó títere con cabeza. Tanta gracia me hizo que en medio de uno de sus apasionados argumentos, me acerqué y le di un beso tierno en la mejilla, que me quedaba a excasos 5 centímetros de mi cara. Él se giró y me besó en la boca. Un beso suave, sutil.

Yo se lo devolví un poco más intenso y así empezamos a besarnos mientras la trama del desenlace de la temporada de "Física o química" se desarrollaba ajena a nosotros. No me preguntéis qué pasó porque no lo sé. Sólo podría contar de su boca en mi boca y de sus manos en mi piel.

Así, enredados y sin soltarnos, nos fuimos a su habitación y nos tiramos (más que nos tumbamos) sobre su cama. Al terminar, sudados y extenuados, nos recostamos uno junto al otro, yo sobre su pecho, su mano acariciando mi espalda desnuda.

Fue un momento muy agradable porque estábamos muy a gusto los dos. "Ojalá te quedaras a dormir esta noche", me decía entre besos. Nos pusimos a hablar, con toda naturalidad, de muchas cosas, de cosas bonitas que los dos pensábamos en ese momento y de otras más triviales.
Se acabó haciendo tarde y, despeinada, soñolienta y sonriente, me volví a mi casa.

"Ha sido una noche increíble, que recordaré mucho tiempo". Me escribió mientras yo aún conducía.

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Javi. Primeros instantes de intimidad.

El día siguiente a esa primera cita, el Sábado, las posibilidades de quedar eran muy limitadas. Yo tenía un evento al que asistir por la noche y él tenía que hacer de anfitrión de sus padres y además era el fin de semana previo a la entrega de su proyecto y aún no había terminado.

La noche había sido un tanto "atípica" por lo que después de levantarme (trágicamente) a las 9.30h para ir a jugar al frontón, me preguntaba si ahora más en frío, las cosas iban a ser como las habíamos dejado la madrugada anterior: con el deseo manifiesto por parte de ambos de que pasara algo entre nosotros.

Con el fin de no obsesionarme con saber el final pospuesto de nuestra cita (a veces me pasa cuando estoy impaciente por saber el desenlace de una situación) decidí dejarme el móvil en casa para que no me tentara mirarlo cada 5 minutos.

Estaba muerta de sueño y, a la vez, tenía esa chispa de la emoción de saber que hay algo nuevo, distinto, en tu vida. De esta guisa me fui a jugar. No hace falta ser Sherlock Holmes para adivinar que no di pie con bola, pero al menos me entretuve. Eso sí, sudar sudar, lo que se dice sudar...

En fin, al llegar a casa a mediodía, haciéndome la indiferente, cogí el móvil: 0 mensajes, 0 llamadas perdidas. Mi gozo en un pozo.

Una cosa que he aprendido con la edad (y las relaciones frustradas) es que hay que dejar que las cosas fluyan y no forzarlas. Yo, apasionada y entregada como pocas, esto lo he tenido que aprender a base de golpes. No es que yo me hubiese propuesto en mi pasado forzar las cosas y exprimirlas, sino que a veces me cuesta tanto no dar, no expresarme o simplemente no decir "hola, me acuerdo de ti"...

Así que con este aprendizaje forzoso, no llamé ni envié un mensaje. Respiré hondo y decidí mantenerme ocupada. Y ¡funcionó! Me escribió reprochándome que no le hubiese dicho nada en toda la mañana. A este mensaje siguieron muchos otros en los que dábamos vueltas al tema de quedar pero ninguno se atrevía a dar el primer paso y proponerlo. Finalmente él se lanzó y me dijo que necesitaba verme lo antes posible. Yo le respondí que cuándo era para él lo antes posible y me dijo: "En una hora estoy ahí".

Quedamos en mi casa porque en la calle hacía mucho calor y, ocultamente (o no tanto), porque queríamos intimidad.

Me puse nerviosa, llevábamos todo el día hablando de besarnos, de las ganas que teníamos y de las perspectivas de dónde eso podría llevarnos.

Me fui corriendo al supermercado y compré cervezas y refrescos y las metí un rato en el congelador. Me llevé ropa para cambiarme y a toda prisa, limpié lo mejor pude (es decir, bastante mal) todo lo que había visible. Terminé justo cuando él llamaba al interfono y corriendo me cambié para estar presentable.

Le abrí la puerta preguntándome cómo nos recibiríamos. ¿Nos besaríamos de buenas a primeras? ¿Nos daríamos dos besos protocolarios? La respuesta no tardó en llegar: "Hola" -dos besos-...

Pasó a mi comedor y en seguida agradeció que yo hubiese puesto el aire acondicionado. Sólo teníamos una hora y media antes de que me tuviera que ir hacia el acto que iba a ir a ver (para una vez que tengo plan...). Le ofrecí una cerveza por romper el hielo. Él aceptó. Nos sentamos en el sofá.

- Puesss... qué bonito tu piso...
- Puesss... sí, la verdad es que me encanta...
- Uy, qué fresca la cerveza, qué rica.
- ¿Sí? ¡Me alegro!
- Lalala...
- Lalalalala....

¡¡Qué cortados los dos!! Para provocar su reacción, me senté un poco lejos de él y entonces empezó el tonteo.

- Qué lejos te sientas de mí, no?- me dijo.
- ¿Querrías que me sentara más cerca acaso?
- Sí, vente hacia mí y pégate.
- ¿Por qué no vienes tú?
- Anda...

Y fui y me senté a su lado. Lo que él no sabía es que eso tenía un precio: ahora él iba a tener que dar el primer paso. Ea!

En vista de esta actitud (yo ahora le miraba divertida, como quien controla la situación), él empezó a preguntarme si es que él iba a tener que llevar la iniciativa. Ni corta ni perezosa le miré de frente y le dije que sí, ¿o acaso no era yo una dama? "Pues no me parece bien", me dijo. Yo me reí y le dije con la más seductoras de mi sonrisas: "El que lo quiera que se lo gane". Él murmuró: "qué malísima eres...".

Y entonces me besó. Javi tiene una boca muy bonita, con unos labios muy carnosos y la verdad es que me gustó mucho su beso. Empezamos con besos pequeños, cortos, blandos, de tanteo. me gustaba su forma de besar, mucho y poco a poco fuimos apasionándonos más. Tanto, que al mover una pierna para "acomodarme" le di sin querer a la cerveza y ¡la desparramé toda en la mesita de café! Medio segundo y un "mierda!!" al unísono después, estaba corriendo a la cocina a por un trapo para limpiarlo. Él se partía de risa en el comedor por mi repentina aflicción, pero es que la pobre mesita ya ha sufrido lo suyo en su corta vida.

Una vez que la situación estuvo bajo control, él me agarró por la cintura desde atrás y empezó a besarme el cuello, de arriba a abajo con besos suaves y sensuales con esa boca tan apetitosa suya...

El resto, es historia...

21

Reencuentro físico

Sí, esta vez el reencuentro fue físico.

Ayer quedé con Javi después de casi 3 semanas sin vernos.

En este punto creo que es importante que matice que Javi es la primera persona con la que he tenido una cita y no he sentido un fuerte rechazo y aunque ahora sé que tampoco será el hombre de mi vida, lo cierto es que me siento a gusto cuando estoy con él y no veo porqué no podemos tener algo "light".

Él me estuvo enviando e-mails toda la mañana y quería quedar conmigo pero resultaba que tenía la agenda apretadísima y sólo tenía libre para mí el jueves (hoy). Siguiendo mi máxima de "yo ya no me regalo a nadie" le dije que precisamente el jueves yo tenía clases de baile, así que no íbamos a poder quedar.

Os podéis preguntar que porqué le mentí, pero fue porque necesito que comprenda que no vamos a quedar cada vez que a él, Mr. Ocupado, le venga bien, que no se le ocurra ni pensar que me tiene cuando quiera.

Por la tarde me estuvo enviando mensajitos al móvil y al final me pidió vernos aunque fuera un ratillo cuando él saliera de trabajar, a las 19h (a las 19:30h había quedado con sus amigos en su casa para pasar la tarde y cenar).

Yo le dije que de acuerdo, que dónde quedábamos y entonces él me dice: "En tu casa a las 19h". Yo pensé: "Uy, a ver si éste se cree que puede venir a mi casa, camelarme, tener algo de sexo y marcharse a la media hora. La lleva clara". Así que le dije: "Arriba?" y para mi sorpresa contestó: "No!! En la puerta. Sólo es por verte un rato". Confieso que me encantó esa respuesta.

Así que nos vimos. Como hacía tantísimo calor, nos quedamos dentro de su coche con el aire acondicionado puesto. Fue impactante al verle sentir como que no había pasado tiempo desde la última vez (hay que tener en cuenta que lo nuestro apenas duró 2 semanas y llevábamos 3 sin vernos...).

En seguida me acordé de lo que me gustó de él desde el principio: su inteligencia, su sonrisa, la conversación frenética. Otra vez me sentí súper a gusto con él. Hablábamos sin parar de su viaje a República Dominicana, de mis días aquí, etc... Y por supuesto nos echábamos miraditas, sonrisitas... Era evidente que los dos queríamos que pasara algo...

Él empezó a decirme que yo era mala, que le estaba provocando con mi sonrisa y me preguntaba si era él el que tenía que dar el primer paso, a lo que yo dije tajantemente que por supuesto que sí.

Al final nos besamos. Me encanta su boca. Nos besamos durante un buen rato, profunda y apasionadamente. Me gustan sus besos, su forma de abrazarme y sus suspiros cuando le beso con más ardor.

Os aseguro que llegó tarde. Me dijo: "Es posible que te envíe un mensaje luego..." y a mí me hizo gracia. Yo creo que me lo envió nada más llegar a su casa, en Torreblanca. Me dijo que le había encantado lo que había pasado. Yo le respondí que a mí también. Más tarde me envió otro y me dijo: "Te deseo, sabes?" y así estuvimos mensajeándonos un ratito, hasta que me tuve que ir.

Creo que Javi no es el hombre de mi vida ni yo soy la mujer de la suya, pero desde luego es alguien con quien estoy muy a gusto... siempre y cuando no estemos en desacuerdo!!

No sé cómo derivará este asunto, pero tampoco tengo prisa por descubrirlo.

Lo que sí he descubierto es que una de las cosas que me hacen estar tan a gusto con Javi es que cuando estoy con él no pienso en J.

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