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Adivina quién...

... me ha contactado esta noche...



Javi. Al parecer, tras unos cuantos meses de relación, la semana pasada rompió con su novia. ¿Contacto casual?

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Tengo un don.

Un día vi una película que se titulaba "Novio de una noche". Era una (malísima) comedia romántica en la que el protagonista tenía una extraña habilidad: cada vez que se acostaba con una chica, ésta conocía al día siguiente al amor de su vida. Al principio parecían casualidades, pero al final se corre la voz y tiene cada día a cientos de mujeres llamando a su puerta para utilizarle como medio para encontrar a su futuro marido.

Pues bien, yo soy la envidiada poseedora de la adaptación moderada de esa habilidad. Puede que no les haga conocer al AMOR DE SU VIDA ni que sea al día siguiente, pero desde luego sí que encuentran rapidito a alguna chica especial con la que mantener una relación formal. Ayer tuve una breve "conversación" vía sms con Javi, que se interesaba por mi dedo y que me sirvió para saber que está felizmente saliendo con alguien.

Se podrá pensar que estoy exagerando, que una golondrina no hace verano, así que hagamos un repaso de mis relaciones más importantes...:

- Alexis. Mi primer novio-novio formal. Estuvimos saliendo tres años y medio. Al mes y poco de dejarlo conoció a una chica con la que se casó un año después.

- Nando. Está casado con la chica con la que empezó a salir después de que lo dejáramos.

- Abel. No sé si se ha casado, pero lo último que supe de él es que estaba viviendo con la chica a la que conoció cuando le dejé.

- Manu. Casi cuatro años después de nuestro pequeño "affaire" sigue saliendo con la chica con la que empezó inmediatamente después de que lo dejáramos.

- Diego. Ya lleva casi más tiempo saliendo con su nueva novia de lo que estuvo saliendo conmigo.

- ÉL... Sí, ÉL también. Lo cierto es que cualquier relación suya con cualquier otra chica en el mundo es más formal, estable y duradera de lo que nunca fue la nuestra, por lo que doy por sentado (basándome además en recientes acontecimientos) que su relación con su nueva novia también va viento en popa.

Y no es que me molesten estas nuevas relaciones de mis ex. Pueden chocar al principio, sobre todo por la rapidez, pero creo tener superadas todas estas rupturas, de modo que como se suele decir: "agua que no has de beber, déjala correr".

No, lo que me fastidia es... ¿Es que no hay ningún chico cansado de ser soltero y con ganas de conocer a alguien especial que quiera llamar a mi puerta? ¿Dónde está la cola de chicos deseando sentar la cabeza?

Al menos así, además de utilizar mis superpoderes para el bien, yo también me divertiría un poquito..................... ¿no?

En fin, lo peor fue la conmiseración de Javi en su último sms: "Tranquila, ya sabes que a todo cerdo le llega su San Martín".

Gracias Javi.

Auch...

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Javi. El desenlace.

Nos habíamos propuesto ir de viaje juntos. Estaba claro que era muy pronto y no es que ninguno de los dos estuviera pensando en ello como un viaje de enamorados que afianzara nuestra relación. No, era más bien una casualidad: yo estaba decidida a hacer un viaje a Ibiza que me iba a salir barato y él (que es un apasionado de los viajes) se ofreció a venir conmigo en vez de ir yo sola.

No pudimos hacer cuadrar las fechas del viaje a Ibiza con su viaje a República Dominicana, su trabajo y además un viaje que yo tenía que hacer por trabajo a Mallorca... Y entonces se me ocurrió: ¿por qué no íbamos a Mallorca en vez de a Ibiza? Mi viaje coincidía justo después de un puente por una festividad local, de modo que ¿por qué no irnos ese puente? Mi vuelo salía gratis ya que lo pagaba la empresa, el hotel era gratis porque tenemos un intercambio con el director (nuestros servicios por los suyos), sólo había que pagar su vuelo y lo que gastáramos, ¡era perfecto y tirado de precio!

A él le encantó la idea pero muy despreocupadamente me dijo: "¿Compras tú el vuelo?". A mí no es que me importara hacerlo, pero yo tengo una forma de ser que no me permite tomar una decisión acerca del dinero de otra persona sin que ésta me dé confirmación de que está de acuerdo con el precio y los horarios.

Así empezaron las indecisiones. Yo me quedaría en Mallorca a trabajar y su vuelo de vuelta podía ser o un lunes (festivo) o un martes (si se lo pedía libre). Ese mismo martes por la noche, él tenía entradas para el concierto de U2 en Barcelona, así que yo le pedía que se decidiera entre irse el lunes por la noche o el martes muy temprano o el martes no tan temprano, en función de sus vacaciones, su concierto y su jefe!

Él (que al parecer es una persona a la que no le importa dejarlo todo para el último momento en vista que reservó definitivamente su viaje a República Dominicana sólo unos días antes de irse) no me decía nada concreto porque lo tenía que hablar con su jefe, porque nosequé o nosecuántos. Así que yo dejé de insistir. "Cuando lo sepa seguro ya me lo dirá, yo no voy a agobiarme por él" me dije.

Finalmente, quedamos en que como yo iba a ir a la noche de San Juan a su apartamento, nos conectaríamos a Internet y compraríamos los vuelos.

Después de cenar, me lo recordó, cogió el portátil (que siempre tenía encendido) y miramos en Lastminute. Le enseñé las diferentes opciones que le había comentado pero no aclaramos nada, al fin y al cabo, él aún tenía que saber si su jefe le daría el martes libre!

De repente, de la página de Lastminute, se metió en su cuenta de Hotmail. No era la primera vez que lo hacía, de hecho lo hacía bastante a menudo. Entraba en su correo para comprobar si había recibido algún nuevo e-mail. Yo había estado apoyada en su hombro y no me percaté cuando pinchó en el icono de acceso directo a su e-mail, pero cuando volví a fijar la vista en la pantalla, estaba contemplando su bandeja de entrada y no pude evitar ver que sus dos primeros correos (a pesar de que nosotros nos enviábamos más de 20 al día) eran de una chica llamada Martina. Sintiéndome súbitamente mal por ver algo que era privado, me incorporé y me puse a ver la televisión.

No le di importancia a esos dos correos en sí, él podía enviarse e-mails con quien quisiera y además no parecía que le importara mucho que yo lo viera, pero me pareció un tanto de mal gusto que estando conmigo estuviera constantemente actualizando su bandeja de entrada para ver si tenía correo nuevo.

Entonces caí en la cuenta de que hacía lo mismo con su página de Facebook y, lo que me parecía peor, con su móvil. Cada 5 minutos se levantaba para encender la pantalla y ver si tenía algún mensaje. Al principio no lo había advertido, pero a raíz de lo del correo, me di cuenta de que cada vez que pasaba por delante del móvil para ir a la cocina, al baño, cuando volvimos de la playa, cuando iba a por un cigarro, SIEMPRE encendía el móvil.

Hice introspección para saber si me sentía celosa (he tenido muy malas experiencias con eso de los móviles) y decidí que no, no habíamos hablado de tener exclusividad y yo misma seguía aceptando contactos de chicos de Meetic, pero sencillamente me parecía poco respetuoso que él diera la sensación todo el tiempo de estar esperando un mensaje (a veces, por supuesto, lo recibía y lo contestaba) o un e-mail mientras yo estaba allí con él, ya procediera de un chico o una chica. Al fin y al cabo, yo dejaba mi móvil en el bolso y no lo miraba hasta que no me iba.

Dejé a un lado estos pensamientos y seguí disfrutando de la velada. Sin embargo, aquella noche, después de hacer el amor, hizo un comentario que no me esperaba acerca del cuidado que debía tener con las enfermedades de transmisión sexual en República Dominicana. No fue sólo un comentario al azar, me preguntó acerca del VPH (yo le había contado la historia con El Depredador), de cómo se cogía y me confirmó (o más bien se confirmó a sí mismo) que él no haría según que prácticas peligrosas. No me sentó especialmente bien que sacara ese tema mientras aún estábamos desnudos los dos en la cama y, como estaba tan cansada, le animé a que nos fuéramos. No me apetecía ponerme a pensar en sus posibilidades de pillar algo cuando acababa de acostarme con él, la verdad.

No era la primera vez que hacía un comentario desafortunado "después de". La primera vez que hicimos el amor, me comentó muy serio que ahora que ya nos conocíamos "a fondo", podría llamar a alguna amiga mía para la próxima vez. Supuse que estaba de broma, pero él siguió con la coña y a mí, sinceramente, no me hizo ninguna gracia (¡era nuestra primera vez!) y se lo dije. Me confirmó que no lo había dicho en serio, pero lo dejaremos en que no es muy oportuno con sus bromas...

Estas actitudes en realidad contrastaban muchísimo con su trato hacia mí. Era muy cariñoso, siempre quería tenerme abrazada, me besaba, me mesaba los cabellos en la cama, me acariciaba la espalda...

A la mañana siguiente me envió un e-mail diciéndome que se moría de ganas de estar conmigo en Mallorca, tumbados en la playa los dos solos. Me dijo que yo era increíble y que se moría por pasar una noche a mmi lado.

Decidí que necesitaba tener una conversación franca con él y decirle que sentía que recibía mensajes contradictorios: por una parte estaban sus gestos conmigo, y por otra su obsesión con su móvil y sus comentarios acerca de sus futuras actividades dominicanas.

Craso error. No se puede hablar con Javi. La conversación madura y franca que yo quería tener con él en la que yo le expondría mi malestar y él comprendería (aunque no compartiera) mi punto de vista, se convirtió en un arrebato iracundo por su parte. Exageraba cada cosa que le decía, las magnificaba y las tergiversaba. Me llamó literalmente controladora, manipuladora, insegura, inmadura y no sé qué otras lindezas.

Intenté estar conciliadora y explicarle que a mí no me importaba que se mensajeara con quien quisiera, igual que no debía importarle a él con quien lo hiciera yo, ya que consideraba que aún era pronto y que yo tenía muy claro que no teníamos exclusividad ni estaba segura de quererla. Intenté por activa y por pasiva ignorar sus comentarios juiciosos sobre mí y hacerle ver que simplemente me sentía confundida acerca de lo que había entre nosotros.

Él seguía con sus exageraciones y salidas de tono (que en realidad ya me había mostrado en anteriores ocasiones al debatir) a pesar de que yo trataba de dejarle claro que él a mí me gustaba pero que había una serie de cosas que me descuadraban.

Al final se me acabó la paciencia y le dije que me alegraba de que no hubiésemos comprado los billetes ya que ahora mismo me parecía la peor de las ideas pasar 4 días, con sus 24 horas, juntos.

Me envió un e-mail diciéndome: "¿¿¿pero no has comprado los billetes esta mañana???"

Le respondí: "¿¿¿Acaso has hablado con tu jefe???"

Y él: "¡¡¡Pero creía que ya lo habíamos dejado claro ayer!!!"

Yo (alucinando): "Pues es obvio que si tú lo dejaste claro, a mí no me quedó. Además, acabo de mirar los vuelos y ahora cuestan más de 250€. Mira, me parece que es mejor así. Te propongo que en vez de irnos de viaje, nos conozcamos un poco más, que pasemos el fin de semana juntos, que vayamos a la playa igual, que demos paseos igual, que pasemos algunas noches juntos... Que hagamos un fin de semana mallorquino pero en Castellón, sí?"

Su respuesta: "Si no vamos de viaje, no hace falta quedar. Si apetece ya nos llamamos".

Me pareció una pataleta propia de un crío: "si no se juega a mi juego me enfado y no respiro" y se lo dije. Al fin y al cabo habíamos quedado casi todos los días hasta el momento. Al rato me contestó diciéndome que sí, que siempre que tenía algo organizado y se iba al aire se enfadaba, "pero ya se me pasará" me dijo.

Decidí que le aguantara su madre. Yo había intentado tender puentes y ser conciliadora y, encima de que me había quedado aún con la duda de qué había entre nosotros, él me había faltado al respeto, rozando el insulto, pasando de mis propuestas y encima se había cogido una pataleta y yo tenía que esperar a que se le pasara para que tuviera a bien querer volver a contactar conmigo!!

Y le envié un e-mail y le dije que mejor que no, que no estaba dispuesta.

"Si es lo que quieres..." me contestó. Ni un atisbo de flexibilidad ni rectificación en su conducta (cosa que ya había demostrado en otras ocasiones).

"Sí, es lo que quiero, Javi. Buena suerte".

Y me despedí.

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Javi. La noche de San Juan.

Era la noche de San Juan y para no variar, no tenía plan.

Javi me había dicho que él había quedado con algunos de sus amigos y me invitó para que fuera con ellos. Por una parte, a mí me parecía que era un poquito pronto (apenas nos conocíamos él y yo!) y por otra parte, no quería que él estuviera pendiente de si yo estaba bien o mal, si me sentía integrada o si me estaba aburriendo, así que le dije cariñosamente que era un sol por proponérmelo, pero que sería mejor que no.

Él aún así insistió y me dijo que entonces por lo menos cenáramos juntos y luego él iría a la playa con sus amigos. Le pregunté si no habían quedado también para cenar y me dijo que sí, pero que prefería estar conmigo un rato.

A veces era tan tierno...

Al final no habíamos quedado aún en nada cuando sus planes empezaron a desmoronarse, un amigo tuvo que quedarse a trabajar por lo que la novia también se cayó del plan, otro no iba a poder ir y otro, en vista de que casi nadie iba a ir, se rajó.

Me envió un mensaje y me dijo: "Estoy sin plan para esta noche mágica. ¿La pasarías conmigo?" Y así fue como al final quedamos para cenar e ir a la playa a mojarnos los pies a medianoche.
Iba a ser una velada corta, porque su plazo para entregar el proyecto era al día siguiente y todavía no lo tenía terminado y yo por mi parte empezaba a arrastrar sueño pendiente por pasar parte de mis horas de sueño en contacto con Javi.

Esta vez, como él tenía que apurar al máximo su tiempo (y por evitar la pizza que sabía que aún le quedaba...) le propuse hacer yo unos sandwiches vegetales (receta exclusiva) en mi casa para llevarlos a la suya a la hora de cenar.

El tráfico y el aparcamiento estaban horribles porque estaba toda la gente cenando en la playa y haciendo ya sus hogueras para quemar los malos recuerdos del año y empezar de cero. A mí la ocasión no podía parecerme más propicia. ¿Acaso no era una increíble coincidencia que fuera a realizar ese rito de purgación de la mano de una persona maravillosa que no contaba con conocer?

Por fin conseguí llegar a su apartamento y se repitió la escena de la vez anterior con el interfono. La diferencia fue que esta vez me lo cogió a la segunda llamada y me dijo: "El interfono no funciona". "Ah, no? Menuda sorpresa..." le contesté yo.

Bajó a abrirme la puerta (esta vez no hubo vecino piadoso) y se me acercó y me besó directamente en los labios. Un beso profundo, sabroso...

Yo había llegado bastante más tarde de lo que originalmente nos habíamos planteado y él volvía a tener Coronitas en el congelador. Estos dos factores nos hicieron decantarnos por cenar en su apartamento y bajar luego a la playa. Desde el comedor veíamos a la gente movilizándose en la arena, montando las hogueras, los más jóvenes bañándose ya de noche... Lo cierto es que sí que tiene algo de mágico esa noche...

Nos comimos los sandiwches bastante rápido mientras él seguía galopando por los canales de televisión y hablábamos de fútbol y de las noticias del día.

Nos acomodamos un rato en el sofá como hicimos la primera vez: él rodeándome con su brazo y yo apoyada en su hombro. Nos besábamos de vez en cuando, pero era una sensación extraña: no eran besos de primeras veces, buscando que pasara algo más. No. Nos besábamos entre risas por algún comentario ingenioso de uno de los dos, como si en realidad ésa no fuera nuestra cuarta cita, sino como si ya llevásemos tiempo saliendo. Eran besos cariñosos, aunque por supuesto, de vez en cuando nos emocionábamos y nos apasionábamos besándonos.

Así, entre risas, besos y Coronitas, llegó la hora de bajar a la playa. Fuimos cogidos de la mano, incrementando esa sensación como de estar en pareja. Nos acercamos a la orilla y seguimos charlando.

Y entonces pasó.

Era una conversación banal acerca de las fiestas de Castellón y las de Valencia. Él, que lleva 8 años viviendo aquí opina que las de Valencia son mejores. Yo le dije que me sorprendía, porque era la primera persona de Valencia a la que conocía que prefería las Fallas. Y entonces, cambió su humor, se cerró en banda y su tono se volvió duro, déspota. Empezó a despotricar acerca de las fiestas de Castellón y hablaba como hablan los arrogantes que piensan que sólo su versión es la única válida y la única buena. Sin importarles si están hiriendo los sentimientos de los demás.

Me quedé callada, porque yo siempre he sido muy apasionada en mis argumentos y le miré de frente, sopesando las opciones. Opté por permanecer en silencio y evitar así una tercera guerra mundial.

En esto llegó la medianoche, la hora de entrar de espaldas en el mar pidiendo un deseo. Yo, que no soy nada supersticiosa, no estaba segura de qué pedir, así que pedí ser feliz. Me pareció que eso lo englobaría todo.

El ambiente entre nosotros había cambiado radicalmente, se había enfriado y apenas nos hablábamos. Quiso ir a comprar tabaco y entramos en un bar de al lado de la playa. Él, para romper el hielo me miró y me dijo: "¿Qué?" con una medio sonrisa. Yo le miré con franqueza y le pregunté: "¿Siempre eres así cuando discutes?". Me contó entonces que sí, que le pasaba con todo el mundo y que todo el mundo se lo criticaba.

"Si todo el mundo te lo critica, ¿no te has planteado suavizar tu carácter?" "Supongo que debería", me respondió, "pero no soy capaz".

Me pareció una respuesta poco madura. Si uno sabe que lo que hace está mal, lo suyo es aprender y tener voluntad de cambio, no? Pues se ve que no era su caso.

"Anda no te enfades conmigo" me dijo cogiéndome de la cintura y dándome un beso. Le contesté que no estaba enfadada, sino escaldada y que no tenía claro cómo dos personas podían entenderse con una postura tan tajante como la suya. "Pero cambiemos de tema", le dije. Me parecía un poco pronto para las lecciones moralizadoras.

Y entonces volvió el Javi habitual, el de las bromas, el dulce y cariñoso pero, aunque mi lenguaje corporal se relajó, por dentro no podía quitarme el "run-run" de que aquel destellazo que había tenido en nuestra primera cita, era una amenaza real para lo nuestro... como así fue...

Subimos de nuevo a su apartamento y salimos a la terraza. La verdad es que fue increíble porque nos pusimos a hablar y a hablar y a la que nos dimos cuenta, ¡eran las tres de la madrugada!.

Él me había dicho que le tenía que llevar a Castellón porque se había dejado su coche allí, así que nos fuimos. Dejé el coche delante del suyo y de repente, empezó a besarme. Todo lo recatadamente cariñosos que habían sido nuestros besos en su apartamento, se convirtieron en besos llenos de pasión y deseo. Empezamos a acariciarnos por encima de la ropa hasta que él sugirió que el vigilante de seguridad debía estar poniéndose las botas y me propuso que fuéramos a mi piso (a apenas 2 minutos en coche).

Nos empezamos a quitar la ropa ya en el ascensor y la fuimos dejando toda tirada por el pasillo hasta mi habitación. No sé durante cuánto tiempo estuvimos haciendo el amor, sólo sé que llegué a mi casa a las seis de la madrugada de un martes.

Fue nuestra última cita...

24

Javi. La pizza.

La primera vez que fui a su casa fue a los pocos días de nuestra "primera vez". Él tenía que apurarse para entregar el proyecto, pero aún así quiso que quedáramos para cenar. Me dijo que tenía muchas ganas de verme. "Yo cocino" dijo, y yo quedé encargada de llevar helado.

Me puse un bonito vestido y me fui a Torreblanca, esforzándome por ser puntual, ya que él me había demostrado que lo era y bastante. No me costó encontrar su apartamento. Aparqué y llamé a su interfono. No respondió. Esperé un poco. No respondió. Volví a pulsar. No respondió. Le llamé al móvil. No lo cogió. Esperé otro poco. Pulsé. No respondió. Le volví a llamar. No lo cogió. Convencida estaba de que me había equivocado de edificio cuando un vecino piadoso me abrió la puerta. Justo en ese momento me llamaba él por teléfono. "Si no querías verme no hacía falta que me hicieras venir hasta aquí!" le dije con sorna al descolgar. Él se rió y comentó algo de que el interfono no había sonado.

Subí hasta su piso manteniendo una extraña conversación con su vecino mientras me preguntaba cómo nos recibiríamos... ¿sería con un beso en la boca o dos besos amistosos?. La puerta estaba abierta cuando llegué y él esperándome en el entrador. Llegué y le sonreí con un falso fastidio que le hizo reír. La respuesta a mi pregunta anterior llegó en ese mismo instante: "Muah, muah": dos besos la mar de recatados y castos, uno en cada una de mis mejillas.

Me enseñó su apartamento. Era grande y espacioso para ser un apartamento de playa, pero lo mejor eran las vistas de la terraza. Unas vistas sensacionales tanto al mar (mi amado Mediterráneo) como a la montaña y, de fondo, las luces de la ciudad. Impresionante.

Había puesto unas Coronitas a enfríar en el congelador y me sirvió una mientras yo observaba su panel de recuerdos. "Todo tú en un trozo de corcho" le dije.

Nos sentamos en el sofá. Yo me sentía muy a gusto, teniendo en cuenta que al parecer aún estábamos en la fase de tanteo (sí, "tanteo" no "tonteo"). Mientras nos tomábamos las cervezas fresquitas y hablábamos, Javi mantenía un febril movimiento de su dedo pulgar sobre el mando a distancia de la televisión, navegando cual velero en plena marejada por todos los canales de noticias.

Comentamos las últimas noticias y de repente dijo: "Voy a poner la cena en el horno".

- ¿Qué has preparado? - le pregunté.
- Mmm... Ein? Estooo... He comprado unas pizzas... ¿Prefieres cuatro quesos o de atún?
- Jajaja!! Cuatro quesos, gourmet............

Mientras nuestra laboriosa y exquisita cena se preparaba sola en la cocina, Javi me sorprendió tremendamente con una sola frase:

- Te gusta "Física o química", verdad???. Hoy es el último capítulo!!.

Me quedé anonadada y le miré con ojos como platos. Ahí estaba él, paradigma de la cultura, de la información, de la retórica, crítico y escéptico como el que más, enganchado a una (pésima a mi gusto) serie para adolescentes.

- Mmm... No la he visto jamás... - alcancé a responder sin disimular mi sorpresa.

En este punto estuvo lista la pizza. La sirvió en dos platos y, junto con unas coca-colas zero y unas papas, nos pusimos a comerlas. Por supuesto, yo no paré de hacer ácidas bromas sobre la delicatessen que me había preparado. Él las encajaba estupendamente y no hacía más que reírse.
Empezó la serie y me dijo pasando su brazo por encima de mis hombros: "Anda, ven aquí". Me recosté sobre su hombro y me dispuse a tragarme todo lo que siempre había opinado sobre la gente que ve ese tipo de cosas.

Reconozco que estuvo divertido, pero ya no la serie en sí, sino ver a Javi criticando a degüello a cada personaje y a cada actor, no dejó títere con cabeza. Tanta gracia me hizo que en medio de uno de sus apasionados argumentos, me acerqué y le di un beso tierno en la mejilla, que me quedaba a excasos 5 centímetros de mi cara. Él se giró y me besó en la boca. Un beso suave, sutil.

Yo se lo devolví un poco más intenso y así empezamos a besarnos mientras la trama del desenlace de la temporada de "Física o química" se desarrollaba ajena a nosotros. No me preguntéis qué pasó porque no lo sé. Sólo podría contar de su boca en mi boca y de sus manos en mi piel.

Así, enredados y sin soltarnos, nos fuimos a su habitación y nos tiramos (más que nos tumbamos) sobre su cama. Al terminar, sudados y extenuados, nos recostamos uno junto al otro, yo sobre su pecho, su mano acariciando mi espalda desnuda.

Fue un momento muy agradable porque estábamos muy a gusto los dos. "Ojalá te quedaras a dormir esta noche", me decía entre besos. Nos pusimos a hablar, con toda naturalidad, de muchas cosas, de cosas bonitas que los dos pensábamos en ese momento y de otras más triviales.
Se acabó haciendo tarde y, despeinada, soñolienta y sonriente, me volví a mi casa.

"Ha sido una noche increíble, que recordaré mucho tiempo". Me escribió mientras yo aún conducía.

36

Javi. Primeros instantes de intimidad.

El día siguiente a esa primera cita, el Sábado, las posibilidades de quedar eran muy limitadas. Yo tenía un evento al que asistir por la noche y él tenía que hacer de anfitrión de sus padres y además era el fin de semana previo a la entrega de su proyecto y aún no había terminado.

La noche había sido un tanto "atípica" por lo que después de levantarme (trágicamente) a las 9.30h para ir a jugar al frontón, me preguntaba si ahora más en frío, las cosas iban a ser como las habíamos dejado la madrugada anterior: con el deseo manifiesto por parte de ambos de que pasara algo entre nosotros.

Con el fin de no obsesionarme con saber el final pospuesto de nuestra cita (a veces me pasa cuando estoy impaciente por saber el desenlace de una situación) decidí dejarme el móvil en casa para que no me tentara mirarlo cada 5 minutos.

Estaba muerta de sueño y, a la vez, tenía esa chispa de la emoción de saber que hay algo nuevo, distinto, en tu vida. De esta guisa me fui a jugar. No hace falta ser Sherlock Holmes para adivinar que no di pie con bola, pero al menos me entretuve. Eso sí, sudar sudar, lo que se dice sudar...

En fin, al llegar a casa a mediodía, haciéndome la indiferente, cogí el móvil: 0 mensajes, 0 llamadas perdidas. Mi gozo en un pozo.

Una cosa que he aprendido con la edad (y las relaciones frustradas) es que hay que dejar que las cosas fluyan y no forzarlas. Yo, apasionada y entregada como pocas, esto lo he tenido que aprender a base de golpes. No es que yo me hubiese propuesto en mi pasado forzar las cosas y exprimirlas, sino que a veces me cuesta tanto no dar, no expresarme o simplemente no decir "hola, me acuerdo de ti"...

Así que con este aprendizaje forzoso, no llamé ni envié un mensaje. Respiré hondo y decidí mantenerme ocupada. Y ¡funcionó! Me escribió reprochándome que no le hubiese dicho nada en toda la mañana. A este mensaje siguieron muchos otros en los que dábamos vueltas al tema de quedar pero ninguno se atrevía a dar el primer paso y proponerlo. Finalmente él se lanzó y me dijo que necesitaba verme lo antes posible. Yo le respondí que cuándo era para él lo antes posible y me dijo: "En una hora estoy ahí".

Quedamos en mi casa porque en la calle hacía mucho calor y, ocultamente (o no tanto), porque queríamos intimidad.

Me puse nerviosa, llevábamos todo el día hablando de besarnos, de las ganas que teníamos y de las perspectivas de dónde eso podría llevarnos.

Me fui corriendo al supermercado y compré cervezas y refrescos y las metí un rato en el congelador. Me llevé ropa para cambiarme y a toda prisa, limpié lo mejor pude (es decir, bastante mal) todo lo que había visible. Terminé justo cuando él llamaba al interfono y corriendo me cambié para estar presentable.

Le abrí la puerta preguntándome cómo nos recibiríamos. ¿Nos besaríamos de buenas a primeras? ¿Nos daríamos dos besos protocolarios? La respuesta no tardó en llegar: "Hola" -dos besos-...

Pasó a mi comedor y en seguida agradeció que yo hubiese puesto el aire acondicionado. Sólo teníamos una hora y media antes de que me tuviera que ir hacia el acto que iba a ir a ver (para una vez que tengo plan...). Le ofrecí una cerveza por romper el hielo. Él aceptó. Nos sentamos en el sofá.

- Puesss... qué bonito tu piso...
- Puesss... sí, la verdad es que me encanta...
- Uy, qué fresca la cerveza, qué rica.
- ¿Sí? ¡Me alegro!
- Lalala...
- Lalalalala....

¡¡Qué cortados los dos!! Para provocar su reacción, me senté un poco lejos de él y entonces empezó el tonteo.

- Qué lejos te sientas de mí, no?- me dijo.
- ¿Querrías que me sentara más cerca acaso?
- Sí, vente hacia mí y pégate.
- ¿Por qué no vienes tú?
- Anda...

Y fui y me senté a su lado. Lo que él no sabía es que eso tenía un precio: ahora él iba a tener que dar el primer paso. Ea!

En vista de esta actitud (yo ahora le miraba divertida, como quien controla la situación), él empezó a preguntarme si es que él iba a tener que llevar la iniciativa. Ni corta ni perezosa le miré de frente y le dije que sí, ¿o acaso no era yo una dama? "Pues no me parece bien", me dijo. Yo me reí y le dije con la más seductoras de mi sonrisas: "El que lo quiera que se lo gane". Él murmuró: "qué malísima eres...".

Y entonces me besó. Javi tiene una boca muy bonita, con unos labios muy carnosos y la verdad es que me gustó mucho su beso. Empezamos con besos pequeños, cortos, blandos, de tanteo. me gustaba su forma de besar, mucho y poco a poco fuimos apasionándonos más. Tanto, que al mover una pierna para "acomodarme" le di sin querer a la cerveza y ¡la desparramé toda en la mesita de café! Medio segundo y un "mierda!!" al unísono después, estaba corriendo a la cocina a por un trapo para limpiarlo. Él se partía de risa en el comedor por mi repentina aflicción, pero es que la pobre mesita ya ha sufrido lo suyo en su corta vida.

Una vez que la situación estuvo bajo control, él me agarró por la cintura desde atrás y empezó a besarme el cuello, de arriba a abajo con besos suaves y sensuales con esa boca tan apetitosa suya...

El resto, es historia...

31

Javi. El principio.

Javi fue mi quinta cita. Dicen que no hay quinto malo y ciertamente así fue... al menos al principio.

Un día decidí que estaba harta de Meetic, de mis intentos frustrados por conocer gente. Ese día apareció Javi en mi bandeja de entrada. Me envió un e-mail en el que me invitaba a conocerle. Me gustó su estilo al escribir. Leí su perfil y parecía prometedor: soltero, licenciado, de Castellón, mismos gustos musicales, etc.

Le respondí dándole mi dirección del msn ya que al no estar yo suscrita en Meetic no íbamos a poder hablar. En lugar de chatear, empezamos a enviarnos e-mails cortitos. Estuvimos así todo un viernes. Fue el 12 de junio.

Leí su último e-mail del día y no parecía implicar una continuación, así que supuse que ya seguiríamos hablando por messenger. Pero resulta que no me agregó. Caí en la cuenta al día siguiente, el sábado, pero decidí que "a saber..." Al fin y al cabo, había aprendido que los designios de los mundos de internet son inescrutables...

Casi me había olvidado de la decena de e-mails que nos habíamos enviado el viernes, cuando el lunes me escribió de nuevo:

"Hola....

Estás por aquí?

Eres real? jeje"

Le contesté diciéndole que sí, claro que era real pero que él no me había agregado en el messenger. Confesó entonces que se le había olvidado, no cayó en la cuenta, sólo estuvo esperando mi e-mail, pendiente de su bandeja de entrada.

Ese día sí chateamos por la tarde. La conversación era muy amena, rápida, a ver quién era el más hábil y el más ocurrente hablando. Fue una de esas (pocas) veces en las que conectas con una persona y enseguida notas que hay feeling.

Él era bastante reservado para contarme cosas personales. Me dijo a qué se dedicaba, pero no me dijo dónde trabajaba, ni me dijo sus apellidos. El remitente en sus correos siempre son sus siglas. Sin embargo, en esa misma primera conversación "online" me dio su número de teléfono y le dije que si quería le podía llamar un ratito mientras paseaba a mi perrita.

Le llamé y estuvimos hablando. A mí me pareció más tímido de viva voz, estaba como nervioso, hablando muy deprisa. Aún así me hizo gracia.

Lo de enviarnos e-mails continuamente se convirtió en un hábito (hoy por hoy, después de nuestro reencuentro también) y a ello se le sumaron los sms. Era muy divertido y ocurrente. Estuvimos así una semana entera pero él ya empezaba a quererme conocer en persona.

Él tenía una historia amarga a sus espaldas. Su novia durante muchos años y con la que estuvo viviendo varios de ellos, le dejó un buen día, sin más hacía ahora un año y medio. Lo pasó muy mal (creo que aún sufre) y, en cierto modo, pareciera que yo le daba esa ilusión que él creía perdida.

Sus mensajes eran ya bastante serios, en el sentido de que tenía muchas expectativas puestas en lo que pudiera surgir entre nosotros. A mí por mi parte, me agradaba mucho, aunque me sentía bastante escéptica dadas mis experiencias anteriores.

Finalmente quedamos ese mismo viernes 19. Sus padres habían ido a hacerle una visita, así que decidimos quedar después de cenar (para que él pudiera cenar con ellos).

Al principio dijimos de ir a tomar algo a los chiringuitos de la playa para "dar un paseo romántico por la orilla después". Pero cayó un tormentón de verano que dio al traste con nuestros planes. Al final decidimos ir a tomar algo cerca de mi casa.

Me recogió en su coche (gracias a Dios no era un BMW esta vez) y todo pareció fluir con normalidad.

Hablamos de muchas cosas: deportes, política, música, cine... Y parecía que había complicidad entre nosotros. Sin embargo advertí ya entonces algo que finalmente sería determinante para nuestra "relación": Javi es una de esas personas obstinadas con las que es sumamente díficil discutir, de las que opinan que sólo su punto de vista es el válido y en cierto modo ningunean a su "oponente". Hacer que estas personas cedan en sus argumentos es una quimera.

El problema fue que no lo interioricé. Fue un destellazo que me vino a la cabeza en un momento en el que debatíamos sobre política y la conversación iba subiendo de tono (yo soy muy apasionada para todo, para mis ideales también). Llegamos a ese punto en el que piensas: "un paso más y nos ponemos a discutir acaloradamente". Entonces le miré a los ojos con una semi-sonrisa y justo en ese momento fue cuando vi que él no iba a retroceder. Ahí tuve el destellazo. Así que le dije: "Vamos a dejarlo estar. Está claro que yo soy una utópica y tú un escéptico. Cambiemos de tema, sí?".

A partir de ahí la conversación volvió a fluir alegre y rápida como hasta ese momento. Tanto que llegó la hora de cerrar el pub en el que estábamos y nos echaron.

Salimos a la calle y llovía a mares otra vez. Fuimos corriendo hasta su coche y mientras yo pensaba en si me había gustado la cita, si me había gustado Javi y en qué estaría valorando él en ese preciso instante.

No tuve que esperar para ver que él estaba bastante a gusto, ya que al entrar en el coche no arrancó para llevarme a casa, sino que encendió el aire acondicionado (hacía un bochorno horrible por la lluvia a pesar de ser más de la una de la madrugada) y puso música. Decidió demostrarme porqué Extremoduro estaba injustamente valorado por la gente. Reconozco que yo apenas había oído cosas de este grupo y lo que Javi me puso me hizo darme cuenta de que era cierto que albergaba prejuicios en contra de su música.

Él me puso un CD con el que él había superado su ruptura y las letras me parecieron lúgubres y tristes. Entendí porqué le gustaban para esa época en concreto de su vida. Javi las cantaba y eso me gustó mucho, me gusta cantar y me gusta la gente que canta y él lo hace bien además.

Y seguimos hablando y hablando. Había ciertas miradas, algunos momentos en los que parecía que podía pasar algo entre nosotros. Yo era consciente de que no sentía el rechazo que había sentido estando con los otros: Edu, Jose...

La noche fue pasando velozmente. No éramos muy conscientes de la hora hasta que de repente, empezó a sonar un pitido y la música se apagó. "Oh, oh..." dijo él e intentó arrancar el coche. No arrancaba. Se había quedado sin batería en su coche nuevo. Eran las cuatro de la madrugada.

Fue el momento más divertido de la noche. Le estuve haciendo bromas todo el tiempo, diciéndole que yo me podía ir andando a casa sin problemas. Él estaba medio divertido, medio preocupado y me decía que ahora ya tenía otra anécdota para mis citas de Meetic. 45 minutos después por fin llegó la grúa. Le pusieron las pinzas y el coche arrancó sin problemas. El gruísta dijo que deberíamos estar por lo menos tres cuartos de hora dando vueltas con el coche en marcha sin pararlo para que se recargara la batería.

Ni corto ni perezoso, Javi arrancó y se puso a dar vueltas por Castellón, por las rondas. Le dije (de broma) que en qué momento me había ofrecido yo a dar vueltas durante 45 minutos, que me dejara en casa que estaba muerta de sueño. Él no dudó ni por un instante en decirme: "Estamos juntos en esto. Ahora me acompañas".

Ronda arriba, ronda abajo decidimos alargarnos hasta el Grao, para ver al menos la playa a la que no habíamos podido ir a pasear. Llegando a una rotonda, el pánico: control de la Guardia Civil. Javi se gira y con cara de susto me dice: "Y si me hacen parar, ¿qué? No volverá a arrancar el coche! No me han parado en la vida y me tienen que parar justamente hoy!!" A mí me entró la risa. "Puessss... Tendrás que explicárselo." Le dije con sorna.

Por suerte no era un control, alguien se había comido una rotonda y la había hecho recta, así que no nos pararon, pudimos pasar sin problemas con gran alivio.

Después de llegar hasta Benicassim y volver, ya habían pasado los 45 minutos. Eran más de las cinco y media de la madrugada y me dejó en casa. Nos dimos dos amables besos con el motor en marcha y me fui.

Apostaría a que él aún no había llegado hasta su casa cuando me envió un sms: "Valoración?". Le contesté que había estado muy a gusto y que me lo había pasado muy bien.

Me respondió al minuto preguntándome si había esperado que él fuera un poco más atrevido, que me hubiese besado en marcha o algo así. Me hizo gracia. Le dije que la noche había estado genial y que las cosas pasan cuando tienen que pasar.

"Te habría gustado?" me preguntó. "Sí" le respondí.

Él me dijo que se moría de ganas y que si no fueran casi las 6 de la madrugada, volvería corriendo desde Torreblanca sólo para besarme. Fue un momento muy bonito, ése en el que se confirma que le gustas a alguien y que ese alguien te gusta a ti. Finalmente, derrotados por el sueño, acordamos que intentaríamos que ese deseo se hiciera realidad lo antes posible...

21

Reencuentro físico

Sí, esta vez el reencuentro fue físico.

Ayer quedé con Javi después de casi 3 semanas sin vernos.

En este punto creo que es importante que matice que Javi es la primera persona con la que he tenido una cita y no he sentido un fuerte rechazo y aunque ahora sé que tampoco será el hombre de mi vida, lo cierto es que me siento a gusto cuando estoy con él y no veo porqué no podemos tener algo "light".

Él me estuvo enviando e-mails toda la mañana y quería quedar conmigo pero resultaba que tenía la agenda apretadísima y sólo tenía libre para mí el jueves (hoy). Siguiendo mi máxima de "yo ya no me regalo a nadie" le dije que precisamente el jueves yo tenía clases de baile, así que no íbamos a poder quedar.

Os podéis preguntar que porqué le mentí, pero fue porque necesito que comprenda que no vamos a quedar cada vez que a él, Mr. Ocupado, le venga bien, que no se le ocurra ni pensar que me tiene cuando quiera.

Por la tarde me estuvo enviando mensajitos al móvil y al final me pidió vernos aunque fuera un ratillo cuando él saliera de trabajar, a las 19h (a las 19:30h había quedado con sus amigos en su casa para pasar la tarde y cenar).

Yo le dije que de acuerdo, que dónde quedábamos y entonces él me dice: "En tu casa a las 19h". Yo pensé: "Uy, a ver si éste se cree que puede venir a mi casa, camelarme, tener algo de sexo y marcharse a la media hora. La lleva clara". Así que le dije: "Arriba?" y para mi sorpresa contestó: "No!! En la puerta. Sólo es por verte un rato". Confieso que me encantó esa respuesta.

Así que nos vimos. Como hacía tantísimo calor, nos quedamos dentro de su coche con el aire acondicionado puesto. Fue impactante al verle sentir como que no había pasado tiempo desde la última vez (hay que tener en cuenta que lo nuestro apenas duró 2 semanas y llevábamos 3 sin vernos...).

En seguida me acordé de lo que me gustó de él desde el principio: su inteligencia, su sonrisa, la conversación frenética. Otra vez me sentí súper a gusto con él. Hablábamos sin parar de su viaje a República Dominicana, de mis días aquí, etc... Y por supuesto nos echábamos miraditas, sonrisitas... Era evidente que los dos queríamos que pasara algo...

Él empezó a decirme que yo era mala, que le estaba provocando con mi sonrisa y me preguntaba si era él el que tenía que dar el primer paso, a lo que yo dije tajantemente que por supuesto que sí.

Al final nos besamos. Me encanta su boca. Nos besamos durante un buen rato, profunda y apasionadamente. Me gustan sus besos, su forma de abrazarme y sus suspiros cuando le beso con más ardor.

Os aseguro que llegó tarde. Me dijo: "Es posible que te envíe un mensaje luego..." y a mí me hizo gracia. Yo creo que me lo envió nada más llegar a su casa, en Torreblanca. Me dijo que le había encantado lo que había pasado. Yo le respondí que a mí también. Más tarde me envió otro y me dijo: "Te deseo, sabes?" y así estuvimos mensajeándonos un ratito, hasta que me tuve que ir.

Creo que Javi no es el hombre de mi vida ni yo soy la mujer de la suya, pero desde luego es alguien con quien estoy muy a gusto... siempre y cuando no estemos en desacuerdo!!

No sé cómo derivará este asunto, pero tampoco tengo prisa por descubrirlo.

Lo que sí he descubierto es que una de las cosas que me hacen estar tan a gusto con Javi es que cuando estoy con él no pienso en J.

6

¡Más reencuentros!

Hoy me ha escrito Javi.

Ha sido un e-mail corto en el que me contaba que ayer volvió de República Dominicana, que le ha encantado el viaje y que ya estaba trabajando de nuevo. "Ya hablaremos"- ha dicho y se ha despedido con besos.

Podría parecer que esto es bastante normal, pero teniendo en cuenta que rompimos y llevaba por lo menos dos semanas sin saber nada de él, cuanto menos me ha sorprendido...

Y ayer estuve una hora y media hablando con Edu por teléfono. Intenté entrar en su web para terminar los primeros textos que le tenía preparados y vi que la página no funcionaba, así que le envié un sms diciéndoselo, sólo por si no lo sabía. De repente me llamó, salía del gimnasio y estuvimos todo ese rato hablando.

Al principio me recordó porqué no me gustó en nuestra cita, me estuvo hablando de que está a dieta, consiguiendo un cuerpo (más) perfecto. Al menos todo lo perfecto que se puede tener sin meterse esteroides (puajjj!!). En fin, pues eso, Edu, Edu, Edu y más Edu, la casa de Edu, el coche de Edu, el cuerpo de Edu... Tanto es así que con la confianza que nadie me dio, en tono de broma (pero con una intención muy seria), le dije:

- Edu, túmbate en mi diván. Dime, ¿cuál es el trauma que tienes desde pequeñito de cuando te avergonzaste porque tus padres no tenían dinero o de cuando quisiste tener algo y no te lo compraron por el mismo motivo?

- ¡Jajaja! Pues sí!! Cuando de pequeño pedía 5 duros para ir al kiosko, me hacían todo un interrogatorio!!! - me contestó.

Pero la verdad es que después la conversación fue girando y reconozco que en el fondo Edu es un chico muy dulce... demasiado materialista a mi gusto, pero tiene un fondo bueno y se le nota. Es una persona que se hace querer.

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