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Descubriendo a Giorgio

Siempre me he preciado de saber calar a la gente. A mí el florentino me daba un poco de repelús y por eso decidí largarme de allí y no esperar a que trajera su famosa botella.

Gracias a Jessica, una lectora de mi blog, ayer supe qué habría pasado si me hubiese quedado.

Esto es lo que le pasó a Ardi, una bloggera venezolana, en Roma curiosamente también alrededor del Palatino curiosamente también sobre las cinco de la tarde:

"Cuando iba vías para el Coliseo, un ser humano relativamente atractivo me pregunta la hora. Por un momento pensé que me querían robar el reloj, la paranoia cloaquense no se supera. Pero cuando vi que el ser humano estaba vestido normal dejé la paranoia y respondí, "papa, no hablo italiano. Pero igual, son las 4:55pm". Cuando escucha mi acento criollo, el sujeto en cuestión automáticamente pregunta: "¿de dónde eres?". Dado que Venezuela es 58.456% de origen italiana, no fue ninguna sorpresa cuando el sujeto dice con un acento italiano marcadísimo "Má qui Chevere!!! Mi primo vive en Caracas." Oye, qué casualidad tan fantástica, casi demasiado bueno para ser verdad. El sujeto se emociona y me empieza a contar sobre el Avila y las empanadas de cazón que se comió en la isla de Margarita.



Me pregunta qué estoy haciendo en Roma y le cuento sobre mi reto de conocer 9 monumentos en 6 horas, me quedaba solo el Coliseo y la Piazza della Repubblica. El se muestra interesado en lo que la pobre turista venezolana le esta diciendo y me explica "yo soy estudiante de arqueología. Tengo clases en media hora, pero mientras tanto déjame mostrarte Palatino". Por un momento pensé gritar a todo pulmón "STRANGER DANGER! STRANGER DANGER!!", pero luego me doy cuenta que siempre tengo un palo atravesado y que lo mejor seria soltarme el moño un ratico. Mientras lo voy pensando el me dice, "tranquila, yo no soy un asesino". Desafortunadamente, el mamahuevo no especificó lo que era.



Vamos caminando por Roma y el becerro me va contando la historia de Roma, los datos históricos, las piedritas y las mariqueras. En un punto me dice "mejor vamos a sentarnos en la sombra un rato y así te explico mejor con el mapa". Yo me fijo en la cantidad de turistas que habían en la Sombra también, concluyo que no es el sitio ideal ni para un robo ni para una violación. Acepto. Acepto, porque soy una maldita desgraciada todo el tiempo y quiero saber cómo se siente vivir en Disney, la tierra de los finales felices. Nos sentamos y me empieza a explicar sobre el balcón del emperador en Palatino, etc., etc., etc. Mientras él habla yo estoy pensando "a la cuenta de 3 párate y sal corriendo... 1 ... 2 ... 3... Maldita sea, soy una pajua, otra vez... 1... 2... 3". Justo cuando me iba a parar corriendo, el Giorgio me dice "tengo sed, quieres algo de tomar?". Yo le digo que estoy bien. Me explica, "hay un digestivo multo buono italiano, yo puedo ir a comprarlo y lo tomamos aquí en sombra. Te parece?" ¿Alguien dijo licor? Claro papa, de haber empezado por ahí. (Muchos estarán pensando: Burundanga. Yo también lo pensé.) El ser humano maldito me dice: "espérame aquí. Yo lo compro y después nos repartimos la cuenta."




5 minutos después llega Giorgio Bafanculo con una media botella de champaña. Me explica que es un licor típico de Italia (claro) y brindamos. El me sigue explicando no se qué cojones de no sé quien y al terminar la botella me dice, "bueno, me tengo que ir. Tengo clases.” Me dice algo en italiano y entiendo que la botella cuesta 25. ¿¿25 una media botella de champaña italiana?? ¿Está loco? Pienso, "ardi, no discutas. Pana ya se va, esto te pasa por becerra". Saco un billete de 10 y le digo, "ya busco los 2 euros que me faltan." Luego el mamahuevo me dice en su maldito acento italiano de mierda, "no, no. Alora, la botella costó 7 – 3, 73." ¡¿¡¿¡¿¡¿QUUEEE?!?!?! MOJONERO DE MIERDA. No puedo pensar, estoy en shock, soy una pendeja. Lo único que se me ocurre responder es "tu no me dijiste que eso costaba tan caro". Maldito mamahuevo, sé que me estas cayendo a mojones, sé que eres un maldito italiano de mierda y que vas a ir directo al infierno. "Ardi corre... 1... 2 ... 3..." Pero en vez de salir corriendo, veo como mi mano saca el dinero del monedero y pienso "saliste ilesa carajita, al menos no te robaron el pasaporte". Evidentemente Giorgio bafanculo es un bichito, un malandro, y mi mamá siempre me dijo, "si te asaltan, dales todo!". Le di lo único que tenia en efectivo, 20€. Giorgio protestó, pero le expliqué, mostré, que no tenía más. El se hizo el amable, el que entendía y cubría el resto. MALDITO!!! OJALA SE TE CAIGA EL HUEVO DE SIFILIS Y CLAMIDIA DESGRACIADO DE MIERDA!!! Cuento hasta 3 y él se va "a sus clases", seguro iba a vender drogas a una esquina."

(Podéis leer la entrada entera aquí)

Así que tenía razón cuando me parecía que su discurso estaba demasiado aprendido y había acertado cuando le pregunté que cuánto iba a cobrarme por la explicación y también adiviné su modus operandi (el timo con el precio de la botella).

Ojalá hubiera visto su cara al llegar con su botella de 2€ y ver que se le había escapado la presa...

Y lo cierto es que creo que, entre que mi sentido arácnido me decía que ese chico daba mala espina y que gracias a mi apatía sentimental no fantasée con ningún tipo de final romántico entre nosotros, no dejé que su atractivo físico me nublara la razón.

¡¡Al final resulta que hasta el mal de amores es algo bueno!!

Giorgio, por si algún día me lees, tienes la suerte de que en Roma haya menos policía que público en un concierto de Albano, pero el día que vuelva por Roma voy a darme un paseo por el Palatino alrededor de las cinco de la tarde (que se ve que es tu hora de "trabajar") y de parte de Ardi y mía intentaré que se te quiten las ganas de timar a las chicas extranjeras que viajan solas por Italia.

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Día 4 (segunda parte)

Giorgio era bastante guapo. Tenía 34 años y era delgado, no muy alto, muy moreno de piel y de pelo y tenía unos preciosos ojos de color verde. La nariz fina y la boca muy bonita, de labios gruesos y marcados.

Empecé a sopesar las diferentes probabilidades que había y encontré tres:

a) Giorgio era simplemente un hospitalario florentino (porque me contó que era de Florencia aunque llevaba viviendo en Roma un año por sus estudios) que quería pasar el rato contándole cosas interesantes a una pobre chica turista que viajaba sola.

b) Giorgio quería tirarme los trastos y ligar conmigo.

c) Giorgio era algún tipo de timador como el de la cámara de la Fontana di Trevi que, cuando menos me lo esperara yo, me intentaría sacar dinero.

d) Giorgio era un piscópata asesino embaucador de chicas turistas a las que secuestraba en su motocicleta y después mataba sádicamente.

Vale, descartada la opción d) por estar en un sitio transitado a plena luz del día, me quedé con las otras tres.

Así que mientras nos sentábamos, le dije alegremente: "¿Cuánto va a costarme esto?". Él se giró y me miró.

- ¡Nada! ¡Niente! Nothing! Lo hago porque me pareces una chica simpática y yo tengo un rato libre. Además, me caen bien los españoles. Como te decía antes, mi tío vive en Granada y he estado allí cinco veces, es una ciudad preciosa. Como Barcelona, qué espectacular Gaudí...

Seguía hablando rapidísimo, casi todo en inglés. Me contó que Italia no debía ser conocida sólo por la pasta, sino que tenían excelentes pescados y excelentes vinos.

Nos sentamos y saqué el mapa. Yo no podría decir que estuviera tranquila y relajada. Me daba cuenta de que estaba un poco a la expectativa, en tensión. Él empezó a contarme a toda prisa acerca del Panteón, de la Fontana di Trevi, me iba haciendo preguntas y cuando yo respondía bien, él exclamaba un "bravissima!!".

Estaba empezando a descartar la opción c) cuando me dijo algo que me descolocó:

- La verdad es que tengo bastante sed - Yo pensé: "ahora es cuando me dice de ir a tomar un café y la opción correcta era la b)" - ¿Qué te parecería si cojo un momento la moto y voy a por un vino de aperitivo? No tardaré ni dos minutos.

- Ah, vale - dije yo un poco extrañada por la parafernalia de coger la moto para ir a por una botella de vino (¿no se puede beber agua?) para veinte minutos que supuestamente le quedaban antes de irse a la universidad.

Él se levantó y añadió algo que aún me descolocó más:

- Una cosa, en Italia, supongo que como en España, cuando yo quedo con mis amigos para cenar, unos pagan la bebida y otros el carbonara. Quiero decir que voy a por la botella y luego pagamos mitad y mitad, ¿ok?

Aquello me dejó fuera de juego. No es que me importara pagar pero, ¿por qué iba yo a querer pagar a medias una botella que él se empeñaba en ir a comprar? Me pareció un poco raro y, definitivamente, descartaba la opción de que quisiera ligar conmigo.

- Bueno, vale - le contesté - pero tampoco vas a comprar una botella de un millón de euros, ¿no?

No lo dije por el precio de la botella, sino porque intuí que tal vez ahí estuviera el "timo de la estampita": él se ofrecía a contarme cosas de Roma, luego iba a por algo de beber que le costaba 2 € y me decía que le había costado 20€ y vete tú a saber qué intentaría sacarme después.

Yo siempre he sido muy confiada, así que he tenido que forzarme a pensar lo de "malpiensa y acertarás" y claro, estaba en Roma, donde a cada dos pasos había alguien intentando sacarme dinero: el pakistaní de las rosas que insistía e insistía y hasta te las metía entre los brazos, el indio de la Polaroid, el del puestecito que intentó soplarme 25€ por un rosario para mi abuela y acabé comprándolo por 6€, el de la recogida de firmas para la lucha contra la drogadicción que resultó querer al menos 5€ de donativo, por no hablar de los incontables mendigos... En definitiva, desde mi primer día allí me di cuenta de que todo el mundo quiere algo, sólo que unos son descarados y pesados y otros sutiles.

Además, se unía al hecho de que yo estaba sola. Parecerá un cliché, pero yo era una chica, sola y extranjera: un blanco perfecto.

Me sentí intranquila e incómoda. Mi cerebro barajaba cientos de posibilidades. Me debatía entre quedarme, poner un poco de riesgo en mi vida e irme. ¿Y si cuando volviese lo hacía acompañado? ¿Quién era el tipo que estaba durmiendo en la hierba justo a nuestro lado? ¿Realmente querría dinero? Porque la verdad es que si hubiese ido a las claras, tal vez le habría dado dinero sin problema. Pero ese discurso tan rápido, tan mecánico, ¿tan aprendido? Simplemente no parecía espontáneo. Y total, si sólo le quedaban diez minutos antes de irse...

Pensé en llamar a alguien que aportara algo de sensatez, tanto para decirme que estaba siendo una paranoica, como para decirme que echara a correr, pero después de la entrada que había escrito (con el móvil) esa mañana, no se me ocurrió a quien llamar, ya que mi madre no contaba, estaba claro que ella habría dicho: "¡¡¡¡¡¡correeeeeeeeeeee!!!!!"

En fin, barajando posibilidades estaba cuando caí en la cuenta de que sólo tenía un billete de 50€ y algunas monedas. De ninguna de las formas le daría un billete de 50€ para que fuera a por cambio, ¿qué debía hacer?

Decidí que mientras elegía qué hacer lo primero era conseguir cambio y me encaminé a un bar cercano para, de paso, comer algo ya que no lo había hecho desde el desayuno.

Una vez que tuve cambio, descubrí a mi lado salvaje diciéndome que me arriesgara, no ya por la explicación de Roma, sino por la morbosa curiosidad de saber de qué iba todo aquello. Me metí en el cuarto de baño (y esto es verídico) y dejé 10€ en la cartera y escondí el resto de billetes en mi ropa interior.

Pero me miré al espejo y pensé: "¿Qué haces, Lorena? Si no lo tienes claro, no te arriesgues". Decidí entonces poner en una balanza qué podía ganar y qué podía perder. Podía ganar una explicación experta de Roma (aunque ya sabía la mayoría de las cosas que me contaba por mi audiguía) por parte alguien agradable. O podía perder dinero y pasar un muy mal rato si la cosa se ponía fea de verdad.

La decisión estaba clara. Salí temerosa por la puerta del bar donde, a lo lejos, veía los papeles de los periódicos volar por la ladera donde nos habíamos sentado. Ni rastro de Giorgio, así que apretando el paso me alejé del Circo Massimo y, por ende, de Giorgio para siempre.

Supongo que nunca sabré cuáles eran sus verdaderas intenciones, pero simplemente (y lo digo orgullosa) preferí no arriesgarme.

El resto de mi última tarde pasó un poco sin pena ni gloria, ya que me había entretenido demasiado y me habían cerrado San Pietro in Vincoli (sí, me perdí el Moisés de Miguel Ángel que además me había recomendado Giorgio) y también Santa Maria Maggiore.

Estaba caminando decidiendo dónde cenar cuando me encontré con una pareja que eran españoles y fuimos andando los tres hacia Piazza Navona, que es donde querían cenar ellos. Sopesé la idea de acoplarme, pero decidí que yo no quería llegar hasta tan lejos para cenar y acabé separándome y cenando en un restaurante para darle una segunda oportunidad a mis adorados espaguetis a la carbonara. Estaban mucho mejor que los otros, pero decepcionantes también, la verdad.

Después de eso me fui al hotel con la intención de intentar conectarme a internet y hacerme la maleta, ya que tenía que levantarme temprano.

Intentando conectar estaba cuando apareció de nuevo Joe, quien decidió sentarse a mi lado a tomarse un Capuccino y contarme qué tal había ido su día.

Yo estaba cansada y con ganas de hacerme la maleta y acostarme pronto porque tenía que levantarme a las siete de la mañana y allí estaba Joe, pesadito, no captando las indirectas, enseñándome las decenas fotos todas muy parecidas que había hecho con su móvil a Central Park, a la playa donde vivía, a sí mismo en la playa y con bañador...

Me pidió mi número de teléfono y me dio el suyo, lamentando que hubiésemos coincidido justo el último día ya que podríamos haber salido por ahí. Añadió que tal vez yo le diera ahora un motivo para visitar España...

El teléfono que le di era falso.

Subí, hice la maleta y me acosté. A la mañana siguiente me subiría en un avión para volver a España y dejar atrás esa preciosa ciudad y la experiencia de haber viajado sola por primera vez.


(mañana el desenlace de Giorgio...)

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Día 4 (primera parte)

La mañana del cuarto día amaneció gris. No en el cielo, pero sí en mi estado de ánimo. Aún resentida por ese descubrimiento del día anterior, remoloneé en la cama y en mi autocompasión durante un rato.

Cuando me pareció que ya era suficiente, me di mentalmente un par de palmaditas en los mofletes y decidí levantarme para meterme de cabeza en la (minúscula) ducha de mi habitación y preparame para salir.

Todo lo que para mí era prioritario visitar: Coliseo, Panteón, Capilla Sixtina, Piazza Navona, Basílica de San Pedro, etc. estaba ya visto, así que no tenía un itinerario predeterminado. Decidí ir a ver el Circo Massimo, acercarme después a la Bocca della Verità (a ver si a la tercera iba la vencida y conseguía verla abierta) y después básicamente improvisar.

Antes de marcharme, bajé con el portátil a recepción para intentar conectarme a internet y dar señales de vida, con el mismo éxito que la noche anterior. Al preguntarle a la susceptible recepcionista por el tema, un hombre con acento americano, se me acercó y me preguntó por la conexión. Le conté lo que sabía, que el técnico estaba avisado y que esperaban tenerlo reparado en breve.

Se me sentó al lado y se puso a contarme que era italo-americano, "de Nueva York", me dijo con evidente orgullo. Se llamaba Joe y estaba de visita en Italia porque su madre era italiana y hasta el día de su muerte viajaba una vez al año a su país de origen. Él nunca había estado al otro lado del charco, pero había decidido que lo necesitaba. Me preguntó si yo estaba sola y le dije que sí, arrepintiéndome al instante porque imaginaba lo que vendría después. Efectivamente, me ofreció que pasáramos el día juntos. No es que su compañía no fuese agradable, pero no parecía que aquel hombre bajito, con un inglés a veces peor que el mío, lleno de tatuajes de Harley Davidson y de joyas de oro y yo tuviésemos mucho en común y decidí que prefería pasar el día sola yendo a la mía. Rechacé su ofrecimiento cortesmente y le sugerí una ruta para su primer día en Roma, sintiendo que de alguna forma yo continuaba con el legado de la entrañable Victoria.

Cogí el metro hasta el Circo y me acerqué a esa monumental explanada de... nada... que hay allí. El relato de mi audioguía hablaba de que es el recinto deportivo más grande que se ha construido, con capacidad para 300.000 personas. La lástima es que hoy en día tienes que imaginarte esa grandeza porque, a pesar de que se sospecha que las ruinas originales están debajo de ese montón de tierra, sólo hay precisamente eso, tierra y hierbajos (a eso no se le puede llamar césped). Me sorprendió sobremanera que no haya excavaciones arqueológicas para desenterrarlo.

Cuando finalizó la explicación, fui bordeando el Circo Massimo en dirección a la Bocca della Verità cuando, de repente de entre dos coches, aparece un chico joven y me pregunta la hora en inglés.

Le contesto en "italiano" (sí, lo pongo entre comillas) que son las cinco y entonces me dice en castellano: "Ahhh, ¿eres española?" (confirmando la necesidad de las mencionadas comillas). "¡Creía que eras inglesa!"- añade.

Casi como un acto reflejo me quité las gafas de sol para que viera mis ojos marrones, que junto con mi pelo oscuro y rizado no debería dejar lugar a la duda sobre mi procedencia y exclamé ofendida en español: "¿¿¿Cómo voy a ser inglesa???". A él pareció hacerle gracia porque empezó a reírse con ganas.

"¿Cómo te llamas?" - me preguntó. Su nombre era Giorgio, me informó mientras me daba dos besos, y muy deprisa me dijo que era arqueólogo y que estaba haciendo un postgrado en la universidad. Me contó que su tío vive en Granada y que es una ciudad preciosa. Hablaba increíblemente rápido, casi como si se lo tuviese aprendido y lo dijera mecánicamente.

Me preguntó si estaba sola y le dije que sí. Me arrepentí al instante, pero él titubeó por un momento y yo lo aproveché para escaquearme diciéndole que encantada de conocerle y que me iba a ver la Bocca della Verità. Asintió y se despidió de mí.

Cuando llegué hasta la iglesia de Santa Maria in Cosmedin, la cola para la Bocca della Verità daba la vuelta a la esquina. Decidí en ese momento que si no había hecho cola para ver la Capilla Sixtina, no iba a hacerla para meter la mano dentro de la piedra (verla ya la había visto desde fuera e incluso le había hecho fotos).

Di media vuelta y decidí volver al metro a decidir qué vería a continuación.

Al llegar a una esquina frente al Circo Massimo, oí mi nombre y al girarme, me topé con Giorgio aparcando su motocicleta. "¿Ya la has visto?" - me preguntó indicando con la cabeza en dirección a la iglesia. Le conté que había mucha gente y que no tenía ganas de esperar. "No te pierdes gran cosa" me dijo en inglés.

Se me acercó y me preguntó si me daba miedo la moto. No entendía muy bien a qué se refería, así que le dije que no.

Entonces me dijo: "Estupendo, pues mira, yo tengo algo más de treinta minutos hasta la hora en la que he quedado con mis compañeros en la universidad, te dejo mi casco, nos montamos en mi moto y nos subimos allí arriba" - señalando la colina del Aventino - "y como desde allí se ve toda Roma, si quieres, te voy señalando los puntos más importantes y contándonte sus historias".

Stop. Vamos a ver. Subir en moto. Desconocido. Arqueólogo en la ciudad con más monumentos del mundo. Qué casualidad. Desconocido. Moto. Colina apartada. Todos intentan sacarte la pasta en Roma. ¿Cuántas posibilidades hay de conocer a un arqueólogo fortuitamente?. ¿Timo?. ¿Peligro?. Desconocido. Moto. Colina. No. Definitivamente no.

- No, gracias - le respondí - prefiero no subir en moto con desconocidos.

- Pero yo soy una buena persona - exclamó él casi divertido.

- No lo dudo, pero no te conozco y no voy a subirme en tu moto - dije zanjando la conversación con una amplia sonrisa en mi cara que no daba cabida al debate.

- Ok, lo entiendo, hágamos otra cosa - me dijo medio en inglés, medio en italiano, medio en castellano - ¿ves esa explanada de allí? Me voy a acercar con la moto, allí nos vemos y con el mapa, aunque no será lo mismo, te lo explico todo.


La explanada era un lateral del Circo Massimo. Sopesé la situación y vi que era una zona transitada, por lo que entendí que a plena luz del día no debería haber ningún peligro.

Me encaminé haci allí y cuando llegué ya estaba Giorgio esperándome con unos periódicos que servirían como asientos improvisados.

Me quedé mirándole intentando sopesar si podría distinguir a una persona con malas intenciones de una con buenas. Llegué a la conclusión de que no...



(mañana la continuación ☺)

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La soledad

Dicen que las road movies simbolizan siempre una historia sobre crecimiento personal de los protagonistas a lo largo del viaje. Supongo que eso es lo que me está pasando a mí porque aquí, en Roma, sola, he estado reflexionando sobre la soledad y la amistad... y se me han abierto los ojos (después de dejar caer alguna lágrima).

He llegado a la conclusión de que para mí la soledad no es girarse en una habitación y darse cuenta de que no hay nadie más en ella. Eso es estar sola.

Pero lo malo no es estar sola, es sentirse sola.

Llevo cuatro días aquí y, excluyendo por supuesto a mi madre, los únicos mensajes auténticos que he recibido han sido en forma de comentarios en mi blog y sms de dos lectores. (Muchas gracias, de verdad...)

Pero... ¿y mis amigos/personas importantes de mi vida? Ni mu. Ni un email, ni sms, ni una llamada, ni un comentario en ninguna de las fotos que he ido subiendo en facebook, ni en mis actualizaciones de estado allí, ni en este blog. Nada.

En este punto pienso, analizo, qué habría hecho yo a la inversa, sabiendo que ellos están solos en un país extranjero, luchando por adaptarse por aprender a vivir siendo impar en un mundo de pares y creo no tener duda de que les habría hecho llegar mi calor y mi apoyo.
Claro que uno no debe esperar que los demás sean como tú (máxime cuando soy consciente de que yo a veces me preocupo en exceso por el bienestar ajeno), pero a tenor de que por lo menos dos personas (encima anónimas) sí se hayan interesado por mí, debo pensar que no soy tan rara como pudiera parecer...

Y sí, claro, todo el mundo tiene su vida, el trabajo desbordante, sus parejas... pero joder, un "qué tal te va" no estaría de más y no cuesta más de dos minutos.

"Veía tus fotos en el facebook" dirá alguno, "te seguía en el blog" dirá otro, "me pareció que estabas muy bien!" podrán decir, pero ¿qué pasa, es que sólo las cosas malas merecen ser compartidas? ¿Tan difícil es entender que el hecho de que ellos supieran dónde estoy yo no significa que yo sepa dónde están ellos, supuestos bastiones y apoyos?

Porque tal vez mi gesta no haya sido épica, pero venir aquí sola ha sido como escalar una montaña y, cuando victoriosa me he girado para compartir mi alegría, resulta que no sólo no había nadie, sino que no sabría con quién compartirla.

Así que sí, me he sentido sola, pero de nuevo he aprendido. Si no me gusta, es cosa mía cambiarlo, llorar por los problemas no va a traerme las soluciones. De modo que ahora mismo me levanto y salgo a disfrutar de mi último día en esta maravillosa ciudad...

...y cuando llegue a casa... Será el momento de seguir creciendo, dejando atrás lo malo y buscando lo bueno, lo que me haga feliz.

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Día 2

(Intentando subir esto ahora por la mañana porque anoche el wifi iba fatal)

Hoy ha sido un día mucho más tranquilo...

A las 9:00h he quedado con Victoria para ir al Vaticano. He dormido aproximadamente cinco horas y media y después de una semana con una media de 6 horas de sueño por noche, en serio creía que no iba a poder levantarme.

Me ha dado tiempo a comerme dos croissants pequeñitos antes de ir al encuentro de Victoria que estaba hablando en italiano (¿?) con la recepcionista. Tengo serias dudas de que se hayan entendido lo más mínimo. A veces a mí me cuesta entenderle cuando habla en español...

Hemos subido en el metro y hemos cambiado de línea para ir al Vaticano. Al llegar, lo que me temía: la cola era tan larga que no se veía el final:


Segundo tramo de la cola



Tramo final

Victoria ha comprendido que no podría ver la Capilla Sixtina pero ha dicho que no le importaba porque tiene que volver a esta ciudad y la próxima vez, intentará saber qué es cada cosa de lo que visite. De verdad que esta mujer es única. Yo volveré mañana cuando imagino que no será tan costoso entrar.

He decidido irme entonces hacia la Piazza del Popolo, mientras que Victoria se volvería al hotel para coger su maleta e irse al aeropuerto con más tiempo del que esperaba. Nos hemos despedido en mi parada y me ha ofrecido su casa si alguna vez voy a Ibiza.



Vista de la Piazza del Popolo

En la Piazza del Popolo me he quedado admirada con su tamaño y con la historia que me contaba mi audioguía, sobre reinas destronadas, papas secuestrados, Napoleón y los artistas que diseñaron esos monumentos. Pero lo más impresionante estaba dentro de la misma iglesia de Santa María del Popolo, que por su aspecto exterior tan austero jamás se me habría ocurrido pensar que dentro recogiera tanta belleza.



Nunca he sido una gran aficionada a la historia, la verdad, y en esta ciudad, rodeada de tanto arte y tanta historia, lo estoy lamentando... Lo que más me ha impresionado han sido los dos cuadros de Caravaggio de una de las capillas: La conversión de Pablo y La crucifixión de Pedro. Los detalles del cuerpo, la piel y el músculo y la luz, impresionantes.

Después he visitado el museo de Leonaro Da Vinci cuya entrada no está incluida en la Roma Pass y me han soplado 7€. Al principio me ha parecido un timo porque no había nada original de Leonardo allí, sólo reconstrucciones de sus inventos. Pero me he partido de la risa con la cita de Leonardo que he leído:



Y he pensado que este hombre debió ser todo un personaje! Tremendo diseño de escafandra y buzo:



Al finalizar la visita, me he ido hacia la Piazza di Spagna, que estaba repleta de gente haciendo fotos y sentados en la escalinata de 137 escalones que lleva a la Trinità di Monti. He sabido por la audioguía que el autor de la escalinata, en honor a la Trinidad, la diseñó en torno al número 3. La plaza al parecer se la disputaban los franceses y los españoles y la forma de ganarse al populacho era ver quién organizaba los mejores festejos en la plaza. Qué ilusos los franceses pensando que podrían ganarnos en fiesta... Por suerte no había nada especialmente interesante en la iglesia porque de ninguna manera pensaba subir hasta allá arriba.



Era mediodía y me empezaban a pesar la falta de sueño y el cansancio del día anterior. He visto el monumento a la Inmaculada Concepción de María, que el Papa visita cada 8 de diciembre y que está enfrente de la embajada española (bueno es saber dónde está, por si acaso) y a partir de aquí he sufrido una pájara en toda regla.

No tenía muy claro por dónde tirar y estaba realmente agotada. Pensaba que debería comer algo pero era pronto para comer y tarde para almorzar. Mi camino desde ese punto ha sido bastante errático, como he podido comprobar después más tranquilamente. Sólo quería llegar a un metro que me llevara al hotel. He encontrado de casualidad el Parlamento, la Columna Antonina y he ido a dar otra vez con la Fontana di Trevi. Al final me he parado a comer en un restaurante que he creído que estaba lo suficientemente alejado de la parte más turística como para que no me sablaran. Se llama "That's amore". No comáis allí.

He mirado la lista de precios y viendo que una pizza costaba 8€ he pensado que no sería demasiado caro, ¡ja!. Como cené pizza anoche, he preferido comer pasta. 10€ un plato de espaguetis a la carbonara que sólo sabían a pimienta. Juro que a mí me salen más buenos. Y lo peor, 4€ por cada Coca-cola. Me habría ido, pero me hacía falta comer. El resultado: 19,50€ por un plato de pasta horrible, dos Coca-colas y, lo mejor de todo, 1,5€ en concepto de "cubierto", jajaja.


La pinta ya no era nada del otro mundo...



Tecnología punta para la salida del agua...


Después de comer y de estar un rato sentada me sentía mucho mejor. Dando un paseo, he ido a dar ¡con un Spar! Es el primer supermercado que he visto en toda Roma. He comprado cosas "para tener en el hotel por si acaso" y me he acercado a ver la Fontana del Tritone.



Al irme de allí eran ya casi las cuatro y he pensado que era normal que estuviera cansada, llevaba 7 horas deambulando por ahí! Me he venido al hotel con la intención de echarme una siesta e ir por la noche al Trastevere. No me he puesto la alarma. Me he despertado a las 23:00h. ¡Menos mal que había comprado cosas de comer en el supermercado!

En fin, que mañana será otro día, el primero completamente sola! Me hacía mucha falta descansar y de todos modos, ya he visto muchísimas de las cosas que quería ver, así que ahora me lo voy a tomar con más tranquilidad o me va a dar algo :)

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Día 1

Madre mía... no sé por dónde empezar... Bueno, será mejor hacerlo por el principio.

Esta semana se ha celebrado en Benicàssim el Rototom (el festival europeo de reggae) y se acababa hoy. Así que cuando he llegado al aeropuerto me lo he encontrado plagado de rastafaris con sus tiendas de campaña. Esto ha creado caos sobre todo en los arcos de seguridad, porque a cada uno de ellos le han obligado a abrir su bolso y tirar las piquetas con el mosqueo de más de uno de ellos. Como es lógico, esto ha creado bastante retraso y estrés entre los que estábamos en la cola y carreras para llegar a la cola de embarque de Ryanair que no numera sus asientos por lo que cuanto antes llegues, más posibilidades de escoger asiento.

Justo cuando yo me dirigía a la cola de embarque, me ha llamado la atención ver que había dos vuelos de Ryanair a Roma Ciampino prácticamente a la misma hora. He sacado mi tarjeta de embarque para asegurarme de que me ponía en la cola correcta y me he dispuesto a embarcar. En la cola he conocido a una chica que se llamaba Patricia y juntas nos hemos ido al avión (sí, porque con Ryanair tienes que ir andando hasta la otra punta donde tienen aparcados los aviones). Allí me he dado cuenta de que era muy fácil meterse en el avión equivocado, sobre todo porque nos estábamos mezclando en el camino los pasajeros de los dos vuelos, pero (ilusamente) he pensado que para eso te revisan nuevamente la tarjeta de embarque al entrar en el avión.

He subido y sorprendentemente he encontado sitio para sentarme y para poner la maleta en la fila 6. Me he acomodado y me he dispuesto a dormir hasta llegar a Roma.

Todo ha empezado cuando un chico de handling con chaleco refractante ha entrado en el avión y se ha puesto a hablar con las azafatas. El chico se ha bajado y a los dos minutos ha vuelto a subir. Una de las azafatas ha pedido entonces que revisásemos que nuestro número de vuelo era el 9678. Nadie le ha hecho caso.

El chico ha bajado. Ha vuelto a subir. La azafata ha preguntado por megafonía por los pasajeros Flavio y Paulo Colapietro. Nadie se ha dado por aludido.

La escena se ha repetido tres veces. En dos de esas ocasiones los interpelados eran los mismos, pero en la intermedia, han preguntado por un tal Flavio Flaviantonio.

La gente empezaba a impacientarse. Las azafatas seguían pidiendo a la gente que comprobase que estaban en el vuelo correcto.

El chico de handling ha vuelto a subir y ha preguntado por Mrs. Brown. Carcajadas del pasaje, lleno de italianos rastafaris.

Más llamadas a Flavio y Paulo y entonces alguien ha caído en la cuenta de que eran sus amigos, que se volvieron a Roma una semana atrás. Más carcajadas.

El de handling sube y pregunta por un tal Cassano. Llevamos más de media hora y a la gente ya no le hace ni pizca de gracia el retraso. El chico vuelve a preguntar por Paulo y Flavio y la mitad del pasaje le grita en italiano que se fueron hace una semana.

Me acerco al chico, que es español, y le digo que porqué no pasan lista con la lista de pasajeros, que acabaremos antes. Sonríe pero no me hace caso. Nos informan por megafonía de que el problema es que entre el pasaje hay una persona que no debería estar y que también sobra una maleta.

Los amigos de Paulo y Flavio (las personas más impopulares del mundo en ese momento) les llaman por teléfono para que por favor le digan a la azafata que efectivamente ya están en Italia.

La gente está nerviosa. La toman con una de las azafatas, que se aleja llorando. La verdad es que estos italianos tienen carácter!!


El pasaje rebelándose...

Pasada una hora, por fin se ponen a pasar lista. Nos hacen sacar a todos nuestras tarjetas de embarque y sostenerlas en alto mientras uno de handling y dos azafatas hacen recuento.

Llegan al final del avión y yo creo que no aclaran nada. Alguien me dice algo de unos gemelos y noséqué. Pero al final o bien se dan por vencidos o bien deciden que les da igual y por fin despegamos.

El vuelo, de apenas hora y media, ha estado muy bien y ha sido emocionante en la aproximación al aeropuerto ver el Coliseo y la Ciudad del Vaticano desde el aire.

Al aterrizar, me he comprado la Roma Pass y me he dirigido directamente a por un taxi, ya que no tenía ninguna intención de hacer tres trasbordos con dos maletas. El taxista era un romano guapísimo que debía descender directamente de algún antiguo gladiador... Se llamaba Carlo y me ha contado que lleva el taxi para poder dedicarse a lo que realmente le gusta, el boxeo. Uno de sus bíceps, tatuado con la palabra "Carlotta" no deja lugar a dudas de su afición.

El taxi es impresionante (pongo foto para dar fe...).



Lo primero que he visto de Roma han sido descampados y más descampados. Carlo me ha preguntado si estaba sola y me ha dicho que no debería ir en transporte público más allá de las 20h.

Finalmente me ha dejado en el hotel. Ha bajado del taxi y me ha dado dos besos (igual era por la propina, no sé...) y creo que quería quedarse a charlar un poco (más que nada porque se ha sacado un cigarro y se lo ha encendido) pero yo con el retraso que llevaba por culpa del vuelo no he estado por la labor y me he despedido de él.

He subido a la habitación y me ha entrado la risa. ¡Voy a tener que dormir de costado o me caeré de la cama! Pero bueno, en peores plazas hemos toreado, la verdad.

He cogido lo que me ha parecido que iba a necesitar y me he bajado dispuesta a patear Roma.

Le he preguntado a la recepcionista por la parada del metro y una femenina voz detrás de mí me ha dicho en español con acento andaluz que ella también iba para allá y que me acompañaba si yo quería.

Se llama Victoria y ronda los 50. Ha venido sola, igual que yo. Es una mujer vivaracha, graciosa y muy espabilada. Hemos ido juntas en el metro hasta que yo me he bajado en el Coliseo. Ella me ha dicho que iba a "cronometizarse" para ir a Ciudad del Vaticano mañana antes de coger su vuelo. Nos hemos dado los teléfonos y hemos quedado en llamarnos en la Fontana di Trevi.

Tal y como me había adelantado, impresiona salir del metro y encontrarte el Coliseo justo delante, tan imponente.



He hecho la visita guiada por mi audioguía sin colas ni gente. Hacía calor, pero muy soportable gracias a la brisa que no ha dejado de soplar.

Después he visto el arco de Constantino, que me ha impresionado por la historia que tiene detrás y que además está tallada en cada uno de sus lados.

El Palatino estaba cerrado, así que me he ido por el Foro Romano hasta la Columna de Trajano. Estoy admirada con esta ciudad. A cada paso hay un trozo de historia, un pedazo de columna, un monumento, una estatua, una fuente... Yo creo que esta ciudad no te la acabas nunca!

Admirando la columna trajana estaba cuando me ha llamado Victoria. Le he dicho que aún me quedaba un ratito para llegar a la Fontana y me he dispuesto a disfrutar de la vista del monumento a Victor Manuel II (del que por cierto no he encontrado ni una reseña ni en mi guía ni en la audioguía tampoco, qué raro porque es espectacular!).

Via Corso hacia arriba y entro en una farmacia para pedir algún ungüento anti-mosquitos porque en apenas unas horas ya me han picado dos. "Es porque van a las cosas bellas" me dice el farmaceútico (uy, qué peligro tienen estos romanos). Y en cinco minutos me quedo impactada ante la belleza de la Fontana di Trevi apareciendo entre las callejuelas.

Fotos de rigor y admiro embelesada la fuente guiada por la amena narración de la audioguía.



He constatado que hacerse fotos a una misma y que además salga el monumento es harto complicado. Pero por suerte un chico se ha ofrecido a hacerme una, algo es algo. Pero resulta que antes de hacérmela con mi cámara, me hace una con una Polaroid suya. Después me la da y me dice que son 10 Euros. Me parto de la risa, ¿¿¿10 Euros por una instantánea??? Ni de coña.

Baja a 5 y le digo que niente de niente. Al final le pago un euro y medio porque me tiene hasta el moño y quiero mi cámara de vuelta, ¡menudo morro y qué inocente que soy yo!.

Sigo la tradición y lanzo dos monedas a la fuente, una para pedir un deseo y la otra para volver a esta hermosa ciudad. Yo, por si acaso, la de 2€ me la reservo para el deseo, por si sirve de algo...



Después me encuentro con la vivaracha de Victoria. ¡Cuánta energía en ese cuerpo de metro y medio! Quiere ir al Trastevere porque dice que sola no se ha atrevido a ir por la noche.

El pateo que nos damos es de escándalo y, mientras, Victoria me cuenta cómo su madre la envió de Córdoba a Ibiza con 16 años. Me habla de sus hijos y de un ex-marido maltratador del que por suerte pudo huir. De cómo rehizo su vida y se puso a estudiar a los cuarenta y pico años y cómo ahora va a empezar la carrera de educación infantil, aunque le preocupa el "espiquinglis" porque ella no lo ha estudiado nunca, pero vamos, que eso a ella a estas alturas no le va a parar.

Me maravilla la gente con ese afán de supervivencia y superación, es increíble. Me parto de la risa con ella y ella no para tampoco de reír. Al parecer hay un centro comercial que se llama Porto Romano, aunque ella lo llama Porto Pí (por el centro comercial de Mallorca) donde tienen un Furluquing (o lo que viene siendo un Foot Locker) y me cuenta historias de sus viajes a Estambul ella sola o a Egipto y de aquella vez que el hotel que se buscó ella sola por internet estaba en medio de un picadillo (o más bien "picadero" interpreto yo).

Así sin querer llegamos a la Bocca della Verità, pero está cerrada y seguimos andando. No sabemos por dónde ir así que Victoria les grita a unas señoras: "¡capischi, capischi!" en vez de "scusi!". No importa, resulta que son españolas (como miles de personas aquí) y nos indican por dónde atravesar el río y admirar el Luongotevere, ¡qué ambiente!

Yo que no he podido comer, estoy desfallecida, así que vamos a una Trattoria en el Trastevere donde me como una pizza buenísima por 7€, muy barata. Aunque la bebida sí me parece cara.

Cuando terminamos consideramos que ya es hora de volver al hotel. Ignorando los consejos de Carlo, nos vamos primero en autobús y luego en metro hasta el hotel. Por cierto, en el autobús me he colado aunque casi sin saberlo... Es que se ve que no aprendo...

Y aquí estoy, en la recepción del hotel lidiando con la conexión para publicar esto antes de caerme de sueño y de que me despierte Victoria para ir al Vaticano. Qué locura ir en domingo, no? Pero es que se va mañana y quiere verlo. Está convencida de que le dará tiempo, como se ha "cronometizado"...

No ha estado mal para ser el primer día, no? Voy a ver si duermo en esa cama de 80cms que me han dado...

18

Día 0

Estoy que me caigo de sueño.

Desparramada encima de mi cama está la maleta aún a medio hacer porque hay cosas que me he llevado a mi último viaje a Mallorca que están terminándose de secar en esta tórrida noche de finales de Agosto.

Dentro, lo necesario:

- Pantalones cortos
- Camisetas frescas
- Un vestido (nunca se sabe)
- Un vaquero
- Ropa interior
- Zapatillas tiramillas
- Artilugios de higiene y cosmética varios
- Guía de Roma
- Guía de conversación en italiano
- iPod touch con 22 horas de audioguía de Roma incluidas
- Un chubasquero (por si acaso)
- Un vaporizador para refrescar las calurosas esperas
- Cámara de fotos
- Portátil
- Cargadores varios: móviles, iPod, cámara de fotos, portátil; y cables usb para dar y vender

Si a alguien piensa que me dejo algo o se le ocurre algún gadget que pudiera serme de gran ayuda, que hable ahora o que calle para siempre... porque señoras, señores, ¡¡ME VOY A ROMA!!

30

No hay más sordo...

TÍA (mirando a ABUELA y señalándome a mí): - ¡Lorena se va a Roma!
ABUELA (mirándome a mí): - ¿Sola?
YO: - Sí
ABUELA: - ¿¿Sola??
YO: - Sí
TÍA: - ¡A buscar un romano!
ABUELA (casi a la vez que TÍA): - ¿¿¿Sola???
YO: - ¡¡No!!
ABUELA: - ¡¡Ah!!
YO: - No a lo del romano, sí a lo de Roma sola.
ABUELA:- ¡¡¿¿¿Sola???!!


Tengo la ligera impresión de que mi abuela estaba en fase de negación...

De negarse a oír mi "sí", se entiende.

53

¡Vacaciones en Roma!

Señores, señoras, ¡hoy me he comprado por primera vez un vuelo para viajar sola!

¡Me voy a Roma a finales de Agosto!

Hace mucho tiempo que quería conocer la ciudad (sí, ya sé que es un crimen no haber estado), incluso llegué a plantearle a ÉL que fuéramos hace casi dos años. Lo que pasa es que lo de hacer planes (de cualquier tipo) conmigo, no era precisamente "lo suyo". Es más, sólo de pensar en pasar más de cinco días conmigo se agobiaba.

En fin, que con las ganas que ya tenía de ver esa ciudad, sólo me faltaba leer "Perdona si te llamo amor" (también conocida por mí como "Perdona si te hago gastarte la pasta en un libro malísimo") de Federico Moccia.

Porque el libro para mi gusto es ñoño, argumentalmente pobre y narrativamente horrible, lleno de citas (como si todo el mundo se pasase la vida citando a grandes pensadores), letras de canciones italianas y muletillas, pero al final le coges cariño a los personajes. Tanto, que contra mi propio pronóstico, me estoy leyendo ahora la segunda parte: "Perdona pero quiero casarme contigo".

Los dos libros son, eso sí, una una interesante guía culinaria de Roma. De algún modo te crean las ganas de ir y comer en los restaurantes que describen (que no son pocos).

Así que entre unas cosas y otras, hoy he encontrado un vuelo tirado de precio y un hotel (de cuatro estrellas) escandalosamente barato ¡y me he comprado el billete! Cuando se lo he contado a mi hermano, casi ha dado saltos de alegría y dice que vendrá conmigo, que siempre ha querido ir a Roma. No sé seguro si lo hará, depende del presupuesto y de su novia, pero lo importante es que YO VOY A IR. Si ha de ser sola, pues será sola.

¡Qué ilusionada llevo toda la tarde! Vosotros que tenéis mucho mundo, ¿me recomendáis algún sitio especial de Roma aparte de los "must"?

Ainsss... Sé que no soy Audrey Hepburn, pero qué bonito sería conocer a un Gregory Peck... [modo soñadora on...]



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