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Nochevieja'10 vol. 2: Camino a Murcia

La idea era salir relativamente temprano al día siguiente. Tal vez fuera ingenuidad pensar que dos mujeres podían arreglarse y prepararse para salir en menos de una hora. O tal vez sólo fuese un topicazo. Fuera como fuese, decidimos levantarnos a las 10:00h para salir a las 11:00h. No lo conseguimos.

Teníamos por delante más de 400Kms hasta el Puerto de Mazarrón, así que pretendíamos salir a esa hora y comer allí después de hacer el Check In en el hotel. No fue antes de las 12:30h cuando metimos las maletas en el coche y nos dispusimos a salir.

Para colmo de males, Fanny tenía que parar en el Centro Comercial a devolver una prenda, así que allí fue nuestra primera parada.

Encontramos la tienda y estábamos haciendo cola cuando se me ocurrió que, para adelantar, podía ir a sacar dinero.

Juro que no tardé tanto en encontrar un cajero en el que no me cobraran comisión y volver a donde había dejado a Fanny. Pues no entiendo cómo en ese breve lapsus le había dado tiempo a "hacerse amiga" del chico de las limas de uñas del Mar Muerto, pero mientras me acercaba me percaté (no había que ser muy perspicaz tampoco) de que era el típico comercial que te vende la moto.

Físicamente atractivo, no pude evitar que me recordara a Giorgio con ese aire de "sí, lo sé, nena, estoy muy bueno". Le envié telepáticamente a Fanny el mensaje de que nos largásemos de allí y que no se pusiese el chico a darnos la paliza. Incomprensiblemente, no lo captó y no se le ocurre nada mejor que decirle: "Ahí está mi amiga, ¡hazle lo mismo que a mí!".

Y de repente, sin comerlo ni beberlo, me encuentro en el hall del centro comercial enseñándole mis dedos a un dandy de tres al cuarto que me examina las uñas murmurando algo de "cutículas" y, sin ningún tipo de compasión ni por mí ni por Fanny, osa comentar que "las chicas de hoy en día no cuidamos nuestras manos ni nuestras uñas". Ja! Qué sabrá él de mí (y-de-mi-manicura-francesa-que-justamente-ese-día-no-me-he-hecho-para-llevar-las-uñas-perfectas-en-Nochevieja), habrase visto!

"¿Cuál prefieres que se transforme como no has visto antes?" - me pregunta. Le doy la del dedo índice de la mano derecha (pensando mentalmente en ofrecerle mi dedo corazón).

El chico (¿israelí, Fanny? No me acuerdo de dónde dijo que era...) empieza a limarme la uña con una cosa del Mar Muerto que noséqué y quenosécuantos. Yo le miro con los ojos entornados hasta que me dice con una arrogancia inusitada: "¿Preparada?". Y me tengo que quedar callada al ver mi uña reluciente como si me la hubieran pulido y pintado con esmalte a continuación. Después de vanagloriarse del resultado pero justo antes de que siga comiéndonos la cabeza, Fanny y yo salimos pitando de allí (eso sí, sin poder dejar de tocar nuestra uña, pulida con extractos del Mar Muerto).

Por fin ponemos rumbo a nuestro destino, no sin antes parar en una gasolinera a repostar. De camino a Murcia hablamos, hablamos y cantamos. Fanny tiene una bonita voz, muy afinada, aunque anda un poco queda y con un poco de carraspera. Las dos esperamos que no se ponga enferma...

Pasada la mitad del trayecto, con sólo unos fritos (milagrosos) en el estómago, paramos en un bar de carretera a comer algo, ya que el plan de salir a comer después del Check In se había ido al garete.

Afortunadamente Fanny se ha traído un gps que nos ayuda a encontrar el hotel en un periquete. El hotel resulta ser un resort en medio de ninguna parte pero rodeado de urbanizaciones de adosados idénticos entre sí, sin duda existentes gracias a algún pelotazo urbanístico. Eso sí, el hotel es nuevo y muy bonito.

Cogemos las maletas (pequeñísimas, minúsculas, con sólo "un par de trapitos" dentro para dos noches) y los abrigos y las perchas con los vestidos y... y noséquémás, pero cargadísimas, nos vamos a la recepción.

El interior del hotel es como el exterior, muy nuevo y moderno. La chica que nos atiende nos da las tarjetas para entrar en la habitación. Fanny, como me había amenazado en plan de broma, me llama "cari" para confundir a la recepcionista.

Entre risas nos vamos a nuestra habitación y, ya en el pasillo, nos miramos sin decirnos nada con la nariz arrugada. Algo huele mal. Literalmente. En el pasillo hay un leve hedor a alcantarilla o desagüe.

Al entrar en la habitación el leve hedor se convierte en una innegable peste. Llamo a recepción y les pregunto si hay problema en cambiar de habitación. Ningún problema, pero tenemos que esperar 15 minutos mientras preparan la nueva habitación.

Con todos los bártulos nos sentamos en uno de los múltiples sofás que hay en recepción. Nos avisan de que la habitación está preparada y nos dan las nuevas tarjetas. Por el pasillo, Fanny y yo volvemos a mirarnos con la nariz arrugada. "Huele un poco, no?" - me dice. "Sí, pero también huele a... ¿ambientador?" - le respondo.

Resulta ser así. Llegamos a la conclusión de que todo el hotel tiene cierto olor a alcantarilla (algunas zonas más que otras) y, al quejarnos, lo que han hecho en vez de "preparar la habitación" es rociarla de ambientador a más no poder. Aún así, entre olor a pino y alcantarilla, decidimos conformarnos, abrir la puerta del balcón y dejar que nuestras pituitarias se acostumbren.

No pasa nada, estamos contentas, nos queda por delante una sesión de spa y, lo mejor, la aventura nocturna que nos esperaba al volver de cenar...

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Nochevieja'10 vol.1: Conociendo a Fanny

Hay veces que congenias con alguien. A veces congenias con alguien aún sin haberle visto en tu vida. Simplemente sabes que te llevarías bien con esa persona.

Porque Fanny (que un día por casualidad llegó a mi blog) y yo nunca nos habíamos visto y, en realidad, apenas habíamos intercambiado unas cuantas llamadas cuando dije que este año me iba a montar un planazo por Nochevieja. Y no sé si ella lo sabrá, pero justamente he descubierto recientemente que nuestro primer intercambio de e-mails fue el 31 de diciembre de 2009. ¡Qué coincidencia!

Y, como ella ya me había dicho cuando estuve en Roma que era una buena compañera de viaje y que la próxima vez contara con ella, ¿por qué iba a negarme cuando se ofreció a ser mi compañera de planazo nocheviejil?

Pues en esas estábamos, sin habernos visto más que en la foto pequeñita del messenger en alguna ocasión (en realidad sólo recuerdo UNA ocasión y de eso ya hacía bastante) cuando me fui a recogerla a la estación.

Y el plan... pues faltó nada para irnos a Verona, y luego casi nos vamos a Marrakech y después por poco nos vamos a Casablanca e incluso hicimos un intento (muy fugaz dados los precios) de ir a Canarias. Pero al final, viendo los precios por un lado y las calidades de los sitios que podíamos permitirnos por otro, le envié un e-mail a Fanny y le dije: "¿Y si por el mismo precio en vez de dormir en algún hotelucho de mala muerte, nos quedamos en España y nos dedicamos a que nos den masajitos y a relajarnos en plan "porque yo lo valgo"?". Y al parecer a ella le estaba rondando más o menos la misma idea.

Así que después de mucho buscar a contrarreloj y justo después de que creyésemos que tendríamos que debatirnos entre el cuarteto de cuerda durante la cena y el hotel moderno y cómodo, Fanny se sacó de la manga una oferta buenísima en un hotel nuevecito con un spa impresionante.

Y así llega el día en que tengo que ir a por ella a la estación entre bromas sobre flores en la solapa. Pero no sólo la reconozco al instante sino que las cinco horas de charla ininterrumpida que tuvimos desde el mismo momento en que se subió a mi coche sirvieron para ver que la impresión que me había forjado de ella era cierta.

Fanny es una chica guapa, inteligente, de vibrante conversación, con multitud de inquietudes, desde estudiar árabe o serbio (supongo que para añadirlos a la lista de los cuatro idiomas que ya habla) hasta el voleibol, pasando por las clases de piano. Y nos parecemos mucho en muchas cosas, pero discordamos en eso que dice de sí misma de que es una andaluza sosa. No lo es. Para nada. Un partidazo, vaya. No me explico que siga soltera y sin compromiso... Si yo fuera un chico con algún interés especial en ella, me espabilaría antes de que me la quitasen...

Como la noche antes de su llegada ella había trasnochado (por motivos más que justificados, "MUCHO MÁS que justificados" me atrevería a decir...) y dado que era la una de la madrugada y al día siguiente pretendíamos salir temprano hacia nuestro "retiro espiritual", tuvimos que conformarnos con ponernos al día en esas cinco horas sólo de lo básico y acostarnos.

Al día siguiente empezó nuestro planazo.

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¡¿Cómo @#$% va a ser ya Navidad?!

Definitivamente esto se nos ha ido de las manos.

La semana pasada (todavía en O-C-T-U-B-R-E) en el supermercado ya estaban expuestos los turrones y los adornos de Navidad. Los anuncios de la tele ya se llenan de juguetes y perfumes. ¿Para qué? ¡Si al final todos vamos a ir a comprarlo todo en los últimos días! Bueno... todo menos los turrones, que ya perdí el juicio y puse la tableta de Suchard en la cestita... lalala...

Y eso me ha hecho pensar en Nochevieja. "Sólo" faltan 58 días.

Odio la Nochevieja. De pequeña era el único día en el que mis padres salían solos, así que a mí y a mi hermano nos dejaban en casa de mi abuela a pasar la noche.

Mi pobre abuela solía hacernos longanizas con tomate para cenar. Y después nos comíamos las uvas (que por cierto, no me gustan mucho y es un incordio pelarlas) viendo las campanadas con el cotillón que mi madre nos había comprado. El confeti estaba prohibido bajo pena de muerte, claro.

Luego mi abuela nos dejaba "mojarnos los labios" con el cava y nos íbamos a casa de sus vecinos a felicitar el año nuevo. Y luego... bueno... luego el Especial de Nochevieja de TVE... Sin comentarios...

Entonces me parecía súper aburrido (a petición popular cambiamos las longanizas por fondue de carne los últimos años) para la agitación que se respiraba en la calle o para lo guapos que se ponían mis padres, pero en realidad no estaba tan mal. Aunque mi abuela debió sentirse liberada cuando dejamos de ir, porque así ahora puede salir con sus amigos por ahí...

Y es que, quitando la Nochevieja de mis 18 años, nunca me lo he pasado especialmente bien ese día.

Tradicionalmente mi grupo de amigas se dispersaba por fin de año, por lo que había que buscarse la vida y generalmente los planes acababan siendo regulares. Estos son algunos de los recuerdos que tengo de Nocheviejas para el olvido:

- Sentada toda la noche en la barra de la discoteca donde trabajaba mi novio de entonces.
- Organizando una fiesta en mi maset, pringada toda la noche intentando que el personal no se desmadrara (en exceso) y me destrozara los muebles.
- Consolando a una amiga toda la noche porque había discutido con su novio.
- Una Nochevieja que tenía mucha ilusión por ir a La Puerta del Sol de Madrid para las campanadas, me tuve que quedar en el sofá de mi casa con 39º de fiebre.

Y el resto de Nocheviejas, pues "ni fu ni fa", generalmente mucho menos entretenidas que un sábado por la noche cualquiera.

Tanto es así que el día de fin de año de 2008 hice un plante. Después de que se me arruinaran (¡qué raro!) los maravillosos planes que tenía, decidí pasar de todo y de todos y no salir ni quedar con nadie (donde "nadie" se refiere a mi familia).

Estuve sola con Monsoon en casa. Me di un baño de espuma, cené cosas que mi madre me compró porque se negaba a que me hiciera una tortilla, me comí las uvas por aquello del "que no se diga" y me fui a la cama.

Estuvo bien para saber que en caso de no tener plan, no se cae el mundo y que solo no se está tan mal, pero tampoco es algo que repetiría de poder evitarlo.

Así que hoy, 3 de noviembre (felicidades, mamá), a falta de 58 días para Nochevieja, juro que este año, me monto un planazo, sola o acompañada. ¡He dicho!

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